MANUEL VIERA

Detestable

Son incansables. Pese a la idiotez de lo que dicen. Disfrutan con lo absurdo. Ni siquiera es preciso saber si estos flipados, que han tomado el camino de lo superfluo haciendo cosas delirantes, son unos cínicos que pierden el tiempo soltando vomitonas por las redes contra quien es ejemplo de vida. Estúpidos de consideración que han desarrollado una “docta” ignorancia para eludir lo que no les interesa, mientras viven obsesionados por desmontar la lógica de la vida con detestable proceder. Desconcertantes personajes que se lanzan a la captura del héroe, que ejemplariza valores, con impertinencias que vienen a plasmar sus miserias morales.

A Juan José Padilla le ha otorgado el Ministerio de Cultura y Deporte el “Premio Nacional de Tauromaquia 2018” El jurado ha querido reconocer su figura, en este año de su despedida de los ruedos, ensalzando el esfuerzo, la entrega y capacidad de superación dentro y fuera de la plaza,que simbolizan los valores en la personalidad y trayectoria del torero jerezano. Toda una enseñanza de un ser excepcional que ha sabido hacer de su profesión un ejemplo de vida para los demás. Pues sobre este guardián de valores y verdades. Sobre este luchador constante lleno de optimismo. Sobre este torero con un grado de cajones que lo distancia de lo habitual, vierte Podemos su mezquindad. Lo llama “torturador de toros en plaza pública”, minusvalorando la belleza desnuda de la heroica condición de quien buscó su identidad, en los sueños de gloria y triunfos, siempre amenazado por el juego irrevocable con la muerte.

Sé de lo ingenuo de entrar al trapo. Quizá, porque nada sirva para explicar, por disparatado, lo inexplicable. Aunque es mejor el olvido de la pereza y no el de la memoria. Al menos para descomponer la sombra de ese animalismo que se convierte de forma abusiva en perverso y ruin. Conductas que revelan a cada paso descabelladas ideas. Comportamientos obsesivos y aciagos convertidos en leitmotiv de extravagantes postulados. Una especie de suero de la verdad con el que alimentan su fingida condición “protectora”.

Y la joya de la corona, Echenique. Surrealista sujeto que se “avergüenza, y mucho, ver al Ministerio de Cultura darle la enhorabuena a Padilla”. Y se lanza a dictarnos la forma y el destino de nuestra cultura. ¿Qué más? Nada más, excepto repetir la palabra que más me cuesta escribir: detestable.

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