OPINIÓN

La situación es caótica

He aquí la realidad. Casi no se dan toros en los pueblos. Y en los pocos que se dan es toda una odisea sacar adelante el festejo. La gente no va. Las pérdidas son cuantiosas. Y, además, la tunantería y el regateo tiñe de oscuro una Fiesta que deambula desmayada por las plazas de tercera. Todo hace pensar que la cosa va seguir por este camino mudo que acabará en el precipicio entre lamentos de impotencia. Sin atisbo de mejora de un hecho al límite. Muchas plazas permanecen cerradas mirando al pasado. Plazas, que a su vez, fueron objetos de tristes circunstancias. De insólitas decisiones políticas de quienes hacen de la libertad un fin dictatorial.

A la grave situación se la ha de sumar la sinvergonzonería de algunos empresarios de pueblos que actúan con la única intención de sacar tajada. La tunantería de estos que siguen cometiendo fraudes y decepciones en no pocos ayuntamientos, a pesar de que muchos de ellos hace tiempo que le retiraron las subvenciones.

Falsos partes facultativos. Suspensiones de última hora tras la exigencia de los de luces y la “mano puesta”, al mediodía, para atrapar y asegurar un dinero ante la eminente ruina de una taquilla vacía.   

Aventuras y desventuras de un hacer -¿hace falta decirlo?- colmado de nefastas pillerías. Farsantes y, en especial, tunantes que abusan con el sucio juego del regateo. Habitual proceder con los exiguos equipos médicos en muchas enfermerías de plazas de tercera. Otro lado oscuro de los festejos en pueblos con tintes de tragedia. No, no es una exageración, sucedió no hace mucho en la plaza de Belmonte.

Historias de plaza de toros convertidas en cemento abandonado a su suerte que lucen solas y descuidadas. Ahí está el coso de Pinichi en la sevillana localidad de Écija. La otra realidad de una instalación inutilizada en este desesperante transcurrir en la sucesión de sueños rotos, reveses, proyectos incumplidos y fracasos económicos, de los que nadie dio cuenta con una pizca de lucidez. Y nadie comunica entusiasmo y levanta el ánimo a una afición, poca o mucha, cansada, aburrida y maltratada.

Lo sostuvo Cernuda: “el viento del olvido, cuando sopla, no necesariamente mata, pero descalabra”. Descalabradas tesituras que invitan a la reflexión sobre unos acontecimientos que se suceden con demasiada frecuencia. Nada es determinante, pero sí es conveniente quitarse las orejeras, mirar a uno y a otro lado, y descubrir que la situación es caótica.

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Satisfacción
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Esperanza
15%
Bronca
68%
Tristeza
10%
Incertidumbre
0%
Indiferencia