MANUEL VIERA

El sutil orgullo de intentar lo imposible

La incidencia sobre la decadencia de las novilladas hace imposible encontrar algún que otro ilusionante nombre con atisbo de aportación al toreo. Son muy pocos los elegidos y muchos, demasiados, los que se quedan por el camino
miércoles, 23 de enero de 2019 09:00
miércoles, 23 de enero de 2019 09:00

Andan por mi pueblo munícipes, coherentes y con sensibilidad, que aún existen, haciendo encajes de bolillos con tal de darle la oportunidad de torear a quien le está siendo difícil dejar definido en el ruedo de una plaza de toros su futuro como torero. Sé de la lucha sorda de estos jóvenes soñadores locales que quieren llegar y no pueden. Y de los esfuerzos de una concejala por allanarles la senda antes que la decepción les deje en la cuneta del olvido. No van a ningún sitio, no torean si no pagan por hacerlo, se desgastan hasta quedar sumidos en la mayor de las soledades.

Hace tiempo que las novilladas con picadores desaparecieron de la programación de las fiestas de los pueblos por ser espectáculos deficitarios. Toda una contradicción si se pretende crear futuro. La legitimidad de estos festejos menores debería ser una prioridad en la disposición de las empresas. Y no lo es. Se prefiere reconocer el fracaso a que la función se corresponda con la realidad de su propio horizonte. Situación más que preocupante. Y muy compleja.

La incidencia sobre la decadencia de las novilladas hace imposible encontrar algún que otro ilusionante nombre con atisbo de aportación al toreo. Son muy pocos los elegidos y muchos, demasiados, los que se quedan por el camino. Lo que derive esta anómala situación es difícil de saber. Pero quizá fuese necesario indagar con urgencia, y sin tapujos, en esta triste realidad para así poder buscar nuevas rutas de promoción. Con ayuda administrativa, claro, sobre todo, en la apremiante rebaja de esa alta fiscalidad de las novilladas picadas que hace inviable su celebración.

Tal vez por ello, mi incondicional apoyo a esta mujer, política diferencial, por el sutil orgullo de intentar lo imposible en medio de los tremendos problemas para alcanzar el objetivo. Actitud que resulta plausible, o meramente agradecida, por esta manera absoluta de ver las cosas. Quizá sea un viaje de ida y vuelta, más simbólico que real, para el que quiere vestirse de luces. Pero que su historia no quede inconclusa.

 

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