MANUEL VIERA

He aquí la realidad

miércoles, 20 de noviembre de 2019 08:55
miércoles, 20 de noviembre de 2019 08:55

Todo hace pensar que la cosa va a seguir por este camino sinuoso y mudo durante mucho tiempo, pese a que otro año acabe desmayado entre lamentos de impotencia. Sin un atisbo de arreglo para una situación, tan absurda, compleja e incoherente, que se escurre sin pena ni gloria por los dedos de la mano.

He aquí la realidad. Se extinguen, poco a poco, las novilladas picadas. No se dan en los pueblos. Su celebración en plazas de tercera y portátiles ha pasado a mejor vida. Muchas de estas plazas hace años que quedaron cerradas mirando al pasado. Y así siguen. Plazas que, también, fueron objeto, y las seguirán siendo, de insólitas decisiones políticas de quienes hacen de la libertad su fin dictatorial.

Qué duda cabe que la continua disminución de novilladas está provocando una grave situación en el respectivo escalafón. Y es que los síntomas siguen siendo claros y cada ves más preocupantes. 88 novilladas menos se han celebrado en Andalucía durante los últimos cincos años. 102 se celebraron en 2007, y sólo 14 en la temporada de 2018. Ni que decir tiene que esta alarmante pérdida de novilladas con picadores se traduce, en la totalidad del territorio español, en un 86% menos en plazas de tercera y portátiles entre los años citados. Según estas estadísticas, emitidas por el programa El Kikirikí del Canal Toros, un 57% menos se han celebrados en plazas portátiles, un 29% menos en las de tercera categoría, un 7% menos en plazas de segunda, e igual porcentaje en cosos de primera.

Y mientras nos hundimos en el pozo de las lamentaciones, los profesionales, los que comen y viven del toro, empresarios, ganaderos, banderilleros y picadores, siguen inmersos en un corporativismo chocante y ridículo en el que difícilmente encontrarán salida. Y es que el déficit económico que supone la organización de estos festejos menores sólo tiene solución con una eminente disminución de los costes, tanto por las administraciones públicas como por estos sectores que no aceptan ni la disminución de emolumentos, ni la reducción del número de profesionales que han de actuar en cada uno de estos espectáculos. Actitud ilógica no apostar arriesgando un poco el presente para así poder alcanzar el futuro.               

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