MANUEL VIERA

Sean felices, los que puedan

miércoles, 25 de diciembre de 2019 11:15
miércoles, 25 de diciembre de 2019 11:15

Se va la tarde, tristona y ventosa, de un sábado 21 de diciembre metido en agua que deja sin bulla de chiquillería la calle y apaga el brillo de las cizalleantes cortinas de luz que iluminan la fiesta. Camino solo, mirando anuncios de escaparates que publicitan ofertas que apremian la compra porque la felicidad espera a la vuelta de una respuesta con número de “visa”. Me aleja la “soledad” el alegre griterío de un grupo de mujeres y hombres que han debido acabar con una de esas orgías gastronómicas que sirven para manifestar el falso contento. Y me aflora el pesimismo que parece me oprime el alma, tan cargada por la atmósfera de la tarde, el rebufo de las comidas de empresas y esa empalagosa amistad que nunca hubo.

Me apetece correr. Aligerar el paso y alejarme de esa algarabía ilógica. Distanciarme de tanta hipocresía con el deseo de que este cuento acabe. Poner final a las comilonas con las que nos deseamos felicidad, mientras otra gente sobrevive al precio brutal de un pasado traumático y ante la injusticia de un presente sin futuro. O a aquellos otros que la exasperación los lleva a las pateras del hambre en desesperada búsqueda de un chusco de pan para sus hijos. Una calamidad que empieza a ser endémica en esta mundo de truhanes y mentirosos que transitan por la política al filo de la navaja de una realidad que no quieren ver. Quizá, porque muchos de ellos están necesitados de engañosas historias que disfracen lo cotidiano. Que oculten una realidad tan cruel como la vida misma.

Arrecia la lluvia y pongo pie en pared. Aún hay gente que se dispone a comprar todo lo que se puede comprar, que no es, ni mucho menos, la felicidad. Y entre los que caminan, o están, seguro existirá alguien, triste y desesperado, con un enorme desasosiego bajo el simulado cielo de luces, figuras de diseño y cantos celestiales. Y a este, seguro, nada le agradaría que le deseara una Navidad feliz.

PD. Queridos lectores. Hoy no me apetecía escribir, ni de lo bueno del toreo, ni de lo malo. Ni de ataques y prohibiciones a la tauromaquia, y sí de falsos y mojigatos. De otra realidad. Perdonen mi osadía. Sean felices, los que puedan.

 

23
2
16%
Satisfacción
50%
Esperanza
16%
Bronca
16%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

Otras Noticias