MANUEL VIERA

Paco Ureña, por encima de todo, torero

Paco Ureña se aleja del victimismo y recurre a lo natural. A torear. Es, por encima de todo, un torero. Pero su encanto está en la valiente decisión de volver a ser lo que parecía no podría ser
miércoles, 06 de febrero de 2019 08:00
miércoles, 06 de febrero de 2019 08:00

En este complicado mundo del toro saturado de intereses que esconden la debilidad de quienes sólo van a lo suyo. De gente incapaz de resolver problemas que exasperan los límites de la propia lógica. De una patronal que, cuanto mayor experiencia muestra, más lejos está de la innovación, pero más cerca de la rutina. Cuando tanto cuesta solucionar con el necesario tratamiento profundo y determinante sin querencia a la desmesura. Cuando todos terminan, de una u otra forma, reconociendo el conflicto, pero nadie lo remedia.

Cuando cuesta tanto saber diferenciar lo concreto de lo absurdo, algo tan difícil de comprender por ese universo de testarudos y ofuscados. Cuando la Fiesta es una inmensa queja de los que viven de ella augurando, incluso, el cercano final, un torero se olvida del triste destino para volver a ser torero en la próxima Feria de Fallas.

Paco Ureña se aleja del victimismo y recurre a lo natural. A torear. Es, por encima de todo, un torero. Pero su encanto está en la valiente decisión de volver a ser lo que parecía no podría ser. Hay actitudes que quedan sólo asociadas a los héroes. Y también desafíos que sensibilizan nada más verlos anunciados. El del torero de Lorca es un sorprendente regalo para los amantes de ese concepto tan diferente, fascinante y puro como portador de la emoción. Ese toreo de arresto y carácter unido a la sensación de peligro en el juego de la vida en el ruedo.

Se antoja más que emotiva y sugerente la heroica decisión del torero lorquino tras la pérdida de visión del ojo izquierdo en el suceso de Albacete el pasado 14 de septiembre. Su reaparición en la plaza de toros de Valencia es todo un reto sumamente fascinante y valeroso. Una apuesta difícil y ambiciosa que, con su enorme capacidad para solventar y con la rotundidad de su toreo, dará a la lidia de los toros de Juan Pedro Domecq la grandeza de la emoción. Quizá, porque tiene la solidez del valor desmedido para buscar verdades en la esencia de una tauromaquia que subirá por la escalera del éxito persiguiendo, hasta el último peldaño, la gloria del triunfo. Sólo con imaginarlo ya produce un escalofrío de inquietud, entusiasmo e ilusión. Que así sea.

 

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