MANUEL VIERA

La chocante decisión de un presidente

Actitudes de quienes presiden que dejan perpleja a toda una gente e incrédulo al que, delante del toro, quiere dar cuenta de lo que es y, sobre todo, de lo que quiere hacer, pese a la imposibilidad a veces de hacerlo
miércoles, 12 de junio de 2019 09:04
miércoles, 12 de junio de 2019 09:04

Parece el centro virtual sobre el que gravitan todos los saberes. Desde la altura se interpretan actuaciones, se señalan caminos y se interviene de modo sabio, reglamentista y enérgico. En consecuencia, es la chocante decisión de un presidente. Desaciertos que se repiten en el palco presidencial de Las Ventas durante la Feria de San Isidro. Primera plaza y primera feria, por importancia y categoría, en el panorama taurino mundial. Y decisiva para la gran mayoría de los que en ella se anuncian.

Actitudes de quienes presiden que dejan perpleja a toda una gente e incrédulo al que, delante del toro, quiere dar cuenta de lo que es y, sobre todo, de lo que quiere hacer, pese a la imposibilidad a veces de hacerlo. Invitación absurda, que se manda desde arriba, a que siga el de abajo jugándose la vida por propia cabezonería descabellada y reglamentista de un insensible presidente.

Sucedió el pasado domingo durante el tercio de banderillas al tercer toro de Baltasar Ibán. Un “prenda” que hirió de extrema gravedad a Román, y al que costó un mundo banderillear. Fue tarea casi imposible dejar clavado ese mínimo de cuatro palos que el viejo reglamento exige. Legislación que, como cualquier norma, está sujeta a interpretación. Sin embargo, Gonzalo de Villa, se empecinó en que ese cuarto palo luciera en el lomo de la fiera. La testarudez del presidente casi le causa una desgracia al banderillero Alejandro El Sirio.

Desechar la petición del cambio de tercio de un matador seguro del peligro que suponía alcanzar el objetivo de las cuatro banderillas. O desestimar mayorías. O conceder orejas, de exiguo valor para el triunfo, que minimiza las que consiguieron otros con legitimidad y justicia por lo hecho en el ruedo. Aventurar el inmediato futuro de quien se juega en la arena el ser o no ser, son ilógicas situaciones que se dan en demasía en tardes de determinantes actuaciones. Y es que, cuando el palco se convierte en caótica decisión se diluye el discurso dado en el ruedo y lo dicho queda diseminado, convirtiéndose el redondel en un complejo sitio donde todo, hasta el propio toreo, se vuelve incierto.

 

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