MANUEL VIERA

Un bravo “miura” engrandeció su historia

En buena medida, la complejidad de un exigente toro de Miura se convirtió en nobleza, fijeza y bravura. Desde que “Tahonero” salió de chiqueros su acometida en el capote de Manuel Escribano proporcionó una considerable dosis de cadencia y ritmo en los lances del sevillano
miércoles, 26 de junio de 2019 08:00
miércoles, 26 de junio de 2019 08:00

Bien es verdad que cuando el toreo fluye de la búsqueda de una inteligibilidad pura, despojada de banalidades, tiene algo de delirio filosófico que lleva a familiarizarse con el valor al mismo tiempo que comprueba su dimensión. No cabe duda de la importancia del toro. Toro y torero, vectores de emociones que se vinieron encima para potenciar y ampliar los sentimientos provocando el impacto y la exaltación.

Acaso, la realidad de la lidia tenga que ver con el deseo. Y en la histórica tarde de Utrera los deseos cruzaron la frontera de lo imposible para superar sus límites con brillante y ambiciosa aportación. Así que ustedes comprenderán el contento por la importancia del triunfo de un reaparecido, en tiempo récord, ante la bravura indultada de quien llevaba en sus entrañas la sangre Cabrera de sus antepasados provenientes de la ciudad “cuna del toro bravo”

En buena medida, la complejidad de un exigente toro de Miura se convirtió en nobleza, fijeza y bravura. Desde que “Tahonero” salió de chiqueros su acometida en el capote de Manuel Escribano proporcionó una considerable dosis de cadencia y ritmo en los lances del sevillano. Algo vivo, gozoso y, sobre todo, emotivo, que tuvo continuidad en el caballo. Dos buenas varas a las que el “miura” respondió con la entrega de su encastada embestida. Y así, Manuel, salió triunfante de la severa prueba. Se le vio tan fácil como seguro en lo más relevante de su hacer: banderillear. Fueron tres pares de poder a poder. Sin una pizca de duda. Tan de verdad lo hizo después en la lidia, ora con la derecha, ora con la izquierda, que el toreo mostrado se convirtió de inmediato en gozo para la vista y los sentidos, acercándose con ello a la tan deseada emoción.

Bien es verdad que “Tahonero” tomó los engaños provisto de bravura. Y que Escribano le construyó una faena templada, y bien estructurada, de extraordinaria pulcritud y cálida expresión. Que enriqueció su toreo con la izquierda. Verdad y hondura en el natural mientras la gente comenzó a mostrar pañuelos al viento pidiendo la vuelta del bravo a los campos de Zahariche. Y el indulto se consumó. El caso fue, que la tarde en la que el encaste Cabrera volvió a la tierra de su origen en ilusionante apuesta, un encastado “miura” engrandeció su historia.

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