MANUEL VIERA

Ahora toca opinar

miércoles, 19 de febrero de 2020 06:50
miércoles, 19 de febrero de 2020 06:50

No interesa rentabilizar lo diferencial. Esto es, no cautiva la idea de potenciar lo que permite salir del letargo empresarial. Cambiar la dura inercia de un sistema que les vale a unos igual que a los otros que de él participan. Por eso sólo se añaden “glosas” a la tradición. A la tradición de Sevilla que gusta de una Feria que es como es. Que quiere lo que quiere. Que sigue siendo como siempre fue. Y así es aceptada. Por eso me jode ese doble eje de la mirada de algunos. Ese ideal utópico para el toreo actual, cuando no real, de quienes construyen cuatro argumentos para desaprobar.

La Feria de Abril es una buena Feria, y lo es también el ciclo de novilladas picadas, escogidos los participantes, esta vez, con aceptable y mejor criterio. Y notable el fin de semana de San Miguel, con el mejor cartel programado, quizá, de todo el abono. A unos le parecerá bueno y a otros menos bueno el resultado de lo presentado y dicho en el Salón de Carteles de la plaza de toros de la Maestranza. Que no fue poco. Y muchos habrán entablado una clara competencia en gustos. Es obvio. Aunque no, precisamente, objetiva debido al carácter subjetivo de las corridas de toros. Al de unas buenas combinaciones que siguen mirando al pasado con carácter retrospectivo de lo que siempre gustó en Sevilla.

Enmarco lo que hay. E incluso valoro una Feria que, con sus defectos, maniobras, carencia de rivalidad por el frustrado encuentro entre Roca y Aguado, falta de gestos, y significativas ausencias, no deja de ser un gran acontecimiento. Mejorable. Como todo en la vida.

No obstante, están muy claras las estrategias que, en algún sentido, no son más que una manifestación completa de intereses que muestran la capacidad adaptativa a conseguir lo que a las diferentes partes les conviene, a toreros y empresa. Por tanto, me sobran discursos alusivos a ese “no mojarse” de los que informamos sin preguntas que compliquen la respuesta de Pagés. Se hizo lo que correspondía hacer con total libertad. Y se informó de lo que se contestó. Ahora toca opinar. Que es otra cosa distinta a informar. El que quiera, claro.

Nada, que somos muy “malos”. Y obedientes. Ah, se me olvidaba. ¿Por qué no asistieron los “buenos”?    

 

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