MANUEL VIERA

Habrá otra vez

miércoles, 29 de abril de 2020 09:03
miércoles, 29 de abril de 2020 09:03

La tarde del 10 de mayo de 2019 firmó en la Maestranza la continuación. Allí dejó dicho que en su toreo hay algo de inusual. Lo desacostumbrado que diferencia lo auténtico de lo banal. Lo bueno de lo malo. Lo normal de lo excepcional. Fue como si lo soñado se hiciese realidad. La realidad del toreo llevado a su máxima manifestación. La consecución de revelar lo que se siente con la naturalidad del artista. Una verdad sin efectos para conseguir construir la sutil obra que convence. Convenció y emocionó. Y como se mostró como un grandísimo torero el resultado fue excelente. Tan clásico como elegante. Tan natural como preciosista, Tan bello como primoroso. Tan despacio hizo el toreo que paró el tiempo.

Aquella tarde le catapultó a un lugar de privilegio en la Fiesta. Lo convirtió en uno de los mejores. Desde entonces quise saber qué pasaría después. Qué sucedería tras el órdago de su triunfo. Y sucedió. Hubo más. Éxitos que le llevaron al destino irrenunciable de logros conseguidos. El concepto más clásico, y el ingenio de saber hacer de la lidia una emoción, lo pusieron en primera línea de salida para un año de 2020 que habría de ser imponente. Y lo hubiese sido de no haber ocurrido esta tragedia que nos tiene acojonados.

Muy pocos jóvenes diestros recién doctorados han suscitado tanto fervor. Este sevillano, un referente de la naturalidad dispuesto a ser figura, es uno de esos toreros que Sevilla soñaba tener. El señuelo para una revancha adelantada de nueva afición.

Pero la tauromaquia se ha quedado sola, pobre y triste. Con las manos vacías en inevitable sucesión de desastres. Su gente está inquieta por el que no todo se resuelva y termine siendo la puntilla letal. Toda una temporada de plazas silenciosas y obligada inactividad es demasiado para una generación de espadas marcados por esta desgracia que le impide seguir la ascensión a la cima.

Sea como fuere, el torero posee una fuerza vital que le hace afirmarse contra la contrariedad. En cualquier caso, hay quien sigue teniendo las llaves que abren las puertas del éxito. Las posee quien está sobrado de talento para alcanzar su objetivo. Para seguir mostrando su ambición artística. Un iluminado potencialmente dispuesto a que este parón no le desequilibre. Siempre merece la pena luchar por los sueños. Pocas cosas tienen importancia en la vida más que las ilusiones. Si para alcanzarlas tienes que pasar, Pablo Aguado, por estas desdichas que desgarran el corazón ¿qué importa? Todo pasará, y habrá otra vez.

 

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