MANUEL VIERA

Qué difícil

miércoles, 27 de mayo de 2020 · 07:00

Todo hace pensar que la cosa va a seguir por ese camino afásico durante mucho tiempo. Incluso la ilusión de algunos se acabará desmayando entre lamentos de impotencia. Qué difícil es todo esto. Qué complicado es buscar recursos que satisfagan a tan dispares intereses. Qué complejo es idealizar algo que facilite el objetivo a conseguir sin que se sienta perjudicada alguna de las partes del asociacionismo taurino.

Uno de los temas recurrentes de la Junta de Andalucía para facilitar la celebración de espectáculos taurómacos en la comunidad autónoma, en ese ámbito de restricciones obligadas debido a la pandemia que se sufre, es la reducción de gastos en los festejos a celebrar en plazas de segunda y tercera. Y entre las excepcionales medidas temporales, que puedan hacer posible su organización, se encuentra la disminución de profesionales que han de participar en la función. Es decir, que las cuadrillas podrán formarse con un sólo picador, dos banderilleros y un mozo de espadas.

En más de un coloquio, de los que he sido invitado a intervenir, escuché a gente del toro, y cualificados aficionados, apostar por parecida medida para aplicar a festejos menores en pueblos con el fin de abaratar costes, y recuperar esas plazas cerradas mirando al pasado. Cuando las novilladas comenzaron a desaparecer de la España rural ya surgieron estos planteamientos a modo de paliar la triste verdad. Sólo para esto. Nunca lo oí para corridas de toros en plazas de segunda y menos de primera. 

De todas formas, el tema da para muchos puntos de vistas. La réplica de los que se sienten perjudicados no se ha hecho esperar. Así, la necesaria conexión entre el político y el profesional se imagina imposible para valorar un anuncio ante la positividad o negatividad de hacerlo real. Quizá no sea el momento para llevarlo a cabo. La crítica y el rechazo es razonable ante la inactividad y falta de ayuda estatal de un colectivo que lo está pasando muy mal. Para ellos es una decisión nefasta y descabellada en las presentes circunstancias. Lejos de la realidad y demasiado asfixiante.

En cualquier caso, o hay futuro o claudicamos ante cualquier atisbo de cambio. Siempre malogrado por disputas, oposición o desacuerdo por intereses partidistas. Incluso con actuación insólita e inoportuna del que sólo se debería dedicar a emocionar. A su genialidad en el arte de torear, y no a la de protagonizar.

Claro que se deben de estudiar muchos otros recursos, sobre todo, de carácter administrativo. Y también reflexionar ante estas idas y vueltas que tienen que ver con el trasfondo argumental de alcanzar metas utópicas. ¿La solución? Qué lejos está.  

 

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