MANUEL VIERA

Haciendo imposible lo posible

miércoles, 10 de junio de 2020 · 09:00

Aunque a simple vista no lo parezca, a este Gobierno le rechifla la tauromaquia. El ninguneo sigue siendo palpable. Tanto los más optimistas, como aquellos otros que abogan por un atisbo de solución, tienen motivos para una nueva frustración.

Como es sabido, el Consejo de Ministros, celebrado la pasada semana, autorizó dar el cerrojazo que ha de abrir las puertas de las plazas de toros de España y, con ello, permitir la celebración de corridas de toros. Paralizadas a causa de la maldita pandemia. Pero, ojo, un beneplácito que es una prohibición encubierta. Reabrir plazas con un tercio de su aforo, y en todo caso, con un límite de cuatrocientas personas, si se trata de ciudades en fase 2, o al 50 por ciento de su capacidad, con máximo de ochocientas localidades cubiertas, si se consideran en fase 3, es la forma más cobarde de desacreditar al toreo. De discriminarlo de manera fragante con respecto a otros autorizados espectáculos culturales.

Pero por encima de la discriminación existe un importante elemento diferenciador. Me refiero a ese afán de hacer imposible lo posible. De ahí este otro obstáculo para hacer inviable su organización. Increíble fabulación que fluye al dictado de quienes parecen decir sí, pero verdaderamente dicen no a las más brutal y sincera de las reivindicaciones de un sector que no sé si ha llegado a tiempo con su cacareada y deseada unión.

Sin embargo, alguna que otra intercesión de criterio partidista aún puede producir un nuevo cortocircuito de negativas consecuencias. Volver a lo mismo. A poner en crisis la fuerza adquirida por todos los grupos de profesionales de toro. Y es que la pataleta de un sólo disidente no puede demorar las protestas, por exigencia a la Administración Central, de las más justas de las reclamaciones.    

En realidad, la entrada de la izquierda más radical al Gobierno de la nación ha supuesto un “revival” de intolerancia al toreo. Imponiendo su falso animalismo a sus socios de coalición que lo aceptan por propio interés y con demostrada ambigüedad.

Con todo, tiene vida el toreo. Pero si esa vida no se cuida adecuadamente muere. O lo que es peor, se convierte en un muerto viviente que arrastra las cadenas de la ineficacia. No cabe duda que hay que alentar el presente para alcanzar el futuro. Es decir, abrir caminos, dimensionar la relación con la sociedad e impulsar sus valores a la ciudadanía. ¿El secreto? No hay secreto. 

Trabajar unidos, buscar y conseguir la medicina para hacerlo gozar de buena salud. Sólo así la difícil misión alcanzará su culminación.

 

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