MANUEL VIERA

Aún es posible

miércoles, 8 de julio de 2020 · 07:00

Aquel 8 de septiembre de 2010 me impresioné al ver desde abajo la plaza atestada. Fue una rara sensación. Como si me apeteciera más observar que hablar. A sabiendas que estaba ante un intenso concentrado de emociones. Y en aquella tarde, en el que volvió el toreo al pueblo origen de las castas fundacionales del toro bravo, me dejé llevar por unos sentimientos que se hicieron música de olés por la libertad de ver, vivir y apreciar el arte en el ruedo. Fue un honor comunicar a los abarrotados tendidos el manifiesto de una ciudad que quería continuar una tradición muy suya. Muy de aquí.

Aquel día, tan especial y emotivo, de ruegos y plegarias a la Señora de Utrera, donde la vieja memoria taurómaca de una gente, adormecida y paciente, despertaba orgullosa de su pasado para reiniciarlo en presente y esperanzador futuro, todo fue real. El sueño quedó atrás. Un nuevo coso volvía a rendir culto a las raíces históricas de una tierra de toros por excelencia.

Se ha completado una década de festejos en la nueva plaza de la ciudad del toro. De subidas y bajadas en el zigzagueante camino. De frustraciones y éxitos. De ocasiones perdidas. De polémicas por intentos de absurdas prohibiciones de asistencia a menores. Y, últimamente, de iniciativas empresariales, y responsables municipales que han hecho posible continuar la leyenda. Aceptar la herencia de una historia que volvió, animosa y ambiciosa, una tarde de Consolación. Actitud plausible de un Ayuntamiento que ha visto en su hacer una defensa de la cultura de esta tierra, ganadera, fundacional y torera, al margen de ideologías políticas y prejuicios sociales.

En la memoria los recuerdos se amontonan cuando está próximo a cumplirse el décimo aniversario del coso. No deja de tener su triste gracia que lo haga en este año atípico por la penosa realidad que nos toca vivir. Pido disculpas al regidor por mi diagnóstico poco optimista. Pero me duele que porciones enteras de nuestro tejido cultural empiecen a deshacerse, desmoronándose poco a poco, ante la contrariedad. Es factible la celebración, sin duda, si las circunstancias lo permiten en el próximo septiembre. Seguid con la actividad taurina conmemorando los primeros diez años de vida del funcional recinto es tan estimulante como necesario. ¿Por qué no aceptar lo ofrecido por quien arriesga lo imposible e inspira confianza? La cita volvería a alcanzar la categoría de trascendental por la doble función que protagonizarían el toro junto a la conmemoración del estreno de la plaza. Porque no resulta posible entender lo uno sin lo otro.

 

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