MANUEL VIERA

Novilladas, rechazadas y olvidadas

miércoles, 16 de septiembre de 2020 · 09:03

Pocas veces se encontrará el sector taurino ante una situación tan lamentable y estremecedora como la que seguimos padeciendo. Sin precedentes en la reciente historia de este país como para haberla aprovechado en hacerles cambiar la suerte a la fragilidad de las novilladas con picadores. Claramente desaparecidas de la programación de las plazas de tercera. La ocasión, para haber intentado sacarla del ostracismo salvándolas milagrosamente del abismo en que se encuentran, se ha perdido en un claro ejemplo de incompetencia. No hay razón para considerarlas inexistentes. O, quizá sí, la inexistencia de iluminados que hubiesen querido ofrecer algo nuevo a la penosa realidad de las novilladas picadas para hacerlas sobrevivir en época tan dura como difícil. Algo más que ese exiguo ciclo organizado por la Fundación del Toro de Lidia y la colaboración de la Junta de Andalucía.  

Según informe de EFE el número de novilladas con picadores ha caído en un 98 por ciento en septiembre. El mes que, por tradición, ocupa mayor número de festejos menores durante la temporada de toros en España. Las que se han celebrado, y unas cuantas simbólicas que podrían anunciarse en octubre, carecen de significado para un año que ha visto disminuido en un 97 por ciento estos espectáculos con respecto a los 238 celebrados en 2019. Un desastre.

Lástima de que no se haya planificado una temporada de novilladas que, por sus características, hubiese sido ideal para su promoción y puesta en valor. No sólo en plazas de tercera, sino en las de segunda y primera. Con dedicación de ímprobos esfuerzos de la administración pública, el empresariado taurino y los canales de televisión, a modo de encontrar soluciones a la pésima situación. Pero faltan románticos que rechacen el calificativo y se dispongan a trabajar sin ganar un euro de más.

Desconozco los detalles vitales que rodean el problema y lo que significa el rechazo a hacer algo nuevo. A sentirse fascinado por el encanto de nuevos toreros. Curiosamente, quizá, con los mejores de tantos que crean ilusión y han dejado esperanza de futuro. Es posible que el reto hubiese sido aceptado por una afición harta, hastiada, cansada de repetitivos nombres de matadores de toros que nos machacan hasta la saciedad en este triste simulacro de temporada taurina.

Añado, que con una extensa programación de novilladas con caballos se habría dado un gran paso ante este problema que azota el presente y obstaculiza el futuro. Y que pasa, además, por darle trabajo a tanto picador, banderillero, mozo de espada y otros hombres del gremio que “mueren de hambre” ante la fatídica espera. Dar ocupación a unos hombres que la maldita pandemia, y sus consecuencias, les impide patear pueblos y ciudades, ejercer su oficio y abrigar su economía. Suele ocurrir en el toro: no interesa el mañana.

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