GALLEANDO

Ahora sí debería de estallar

miércoles, 10 de febrero de 2021 · 07:28

Al igual que otros hacen durante el crudo invierno, Talavante anda alternando la intensidad de su entrenamiento con la lidia de toros en el silencio de una plaza de tientas. Sólo brinda las excelencias de su concepto más granado a la escasa asistencia de prescindibles invitados que, después, cuelgan en las redes sociales la grabación de los momentos de mayor intensidad expresiva del toreo desplegado. Cautivadora obra llena de instantes emocionales que sigue haciendo las delicias de los que lo ven.

No obstante, se observa en la incuestionable faena del diestro pacense una ilusión tan abrumadora que le pone en la élite del toreo en esta etapa de desastres pandémicos. Es esto, quizá, mucho más notorio que la evidente preocupación por el comienzo de una temporada en el limbo.

Tras contemplar la lidia de Alejandro, en la que mostró un dominio pleno de recursos para la creación de su arte, con un vigor y naturalidad inusitada, no hay duda que éste, y otros tantos como él, volverán, cuando se descerrajen las puertas de las plazas de toros, no siendo las mismas figuras de temporadas anteriores, sino nuevos figurones del toreo con el mismo nombre. Tal vez, porque así lo están manifestando en la soledad del campo bravo un batallón de veteranos diestros que, junto a los jóvenes emergentes, tienen garantizados los lugares señeros en las cartelerías de las más importantes corridas de toros en las primeras plazas de España.

La renovación en sus formas de actuar es impecable. Sus condiciones son subrayadas por conceptos acusadísimos de las respectivas tauromaquias con las que se están agigantando en el largo tiempo de soledades y sentimientos reprimidos. De grandeza maquillada por las circunstancias, pero siempre invicta en la arena de un coso cualquiera. Entregándose a un entrenamiento extenuante. A un trabajo de plaza ilusionante. A la posible rivalidad del toreo que, ahora sí, debería de estallar.

Con esta intención están completando su preparación con una fuerza arrolladora. Magnificando la belleza del toreo y, sobre todo, con la apabullante necesidad de vestir el traje de luces. Son toreros ya encumbrados. Y aunque lograron cotas difícilmente superables, saben que aún no alcanzaron su más alta dimensión.

En este contraste de pesimismo y esperanza se percibe el poderío de los que quieren seguir estando. Las inmensas ganas de empezar. La necesidad imperante de mostrar el talento con expresividad mayúscula que, puesta al servicio de historias en el ruedo, alcanzarán notas casi nunca vislumbradas. De hecho, todo debe ocurrir.  

 

11
2
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Satisfacción
66%
Esperanza
33%
Bronca
0%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia