GALLEANDO

¿Seguiremos abocados a vivir con el problema?

miércoles, 29 de noviembre de 2023 · 06:55

Ya ven como el mundo del toro nunca deja de exhibir controversia. Debe ser tan complejo entenderlo, y estar con él, que ha de ser muy difícil postularse a su lado cual obligación tiene con la sociedad española quien acaba de ser nombrado ministro de Cultura. Quien supo escoger su momento para declararse antitaurino total y arremeter contra las corridas de toros con discurso dominante con el que revigorizó su rechazo a la tauromaquia. Y ahora, responsable de Cultura. Nadie espera tanto de tan poco. La incongruencia política del partido de Sánchez resulta chocante. ¿Dónde estará la trampa?

De todas formas, nombramientos de este porte producen dos efectos: da la impresión qué esta vez la cosa no tiene remedio, o tal vez constituye referencias posibles cuando se conozcan cada uno de los matices de la gestión. Cautela, respeto y paciencia. No queda otra. Sin embargo, una parte extensa de la sociedad seguiremos abocados a vivir con la perspectiva perenne del problema.

Empleando el lenguaje de la calle, que es el único vivaz y auténtico para entenderse y que nos entiendan, le pido del tirón, Ernest Urtasun, una respuesta lógica y coherente que convenza a los que preguntamos por la actitud determinante para las corridas de toros de quien lidera el Ministerio de Cultura al que pertenece el toreo. Ah, y otra cosa, sería deseable que se cumpliera sin divagaciones, de una vez por todas, con esta vapuleada Fiesta nuestra. Y que sea capaz de no dejarse llevar por partidos animalistas, emocionalmente atormentados, lacerantes de victimismo. Por quienes han acabado albergando un rencor y odio irracional hacia el toreo.

En suma, siempre creí que el traslado de competencias de Interior a Cultura sería un apoyo considerable a la fiesta de los toros, al llevar implícito la catalogación de hecho cultural, pero no de dejar de ser motivo de profunda preocupación. De nada valdrá lo conseguido en su día si quien tiene la obligación de proteger, difundir y promocionar la tauromaquia se olvida del derecho de libertad e impone su mentalidad antitaurina. Sería toda una legitimación del triunfo del cinismo. Ni, desde luego, entusiasmarse con las posibles decisiones de un ministro catalán ante la radical herencia del robo de libertades con la prohibición de las corridas de toros en su tierra natal.  

 

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