En la Maestranza, o en Las Ventas

miércoles, 22 de mayo de 2024 · 08:07

Vuelve a Las Ventas de Madrid cuando todavía sigo asimilando su gran obra en Sevilla. Contemplo, solo con mis recuerdos, expresiones alusivas a la inolvidable tarde del pasado 15 de abril en la Maestranza. Miro abajo, sin mirar, y veo aún como las perceptibles huellas de una tela acariciando la bravura dejan marcadas en el albero los guiños al virtuosismo de una obra irrepetible y fascinante. Veladuras restallantes de naturales de ensueño que siguen parando el tiempo para nunca más desaparecer. Y allí, a lo lejos, rebotan los ecos de una gente enloquecida para dar pretendida continuidad a aquella efímera tarde de toros.

El silencio de otras tardes, imprecisas y mullidas, despiertan a la realidad. La realidad, que se pixela a tanta velocidad que es difícil referirse a ella. Huye. Superando así los viejos sueños del toreo. La Fiesta es así y nunca acaba. Lo hecho en la Maestranza le marcará un punto de inflexión. Un antes y un después de Sevilla.

El toreo “orteguista” ha de seguir en Madrid profundizando en sus características diferenciales. Cargándose de significados y convirtiéndose en pieza fundamental de esa colección única del universo del arte. Hay que entender que la vida del torero va oscilando entre ese ser o no ser de quien pretende provocar en el ruedo la sensación de hacer algo diferente. Y lo hará. Claro que lo hará.

Porque allí donde existe la voluntad siempre hay opciones. Y las habrá, pese a que Madrid le someta a nuevo examen tras el “Cum Laude” de Sevilla. Esas exigencias quedarán en simple anécdota cuando el toro muestre su bravura y el torero se entregue al arte de torear, sin privilegios ni distinciones, para realizar una obra, con tan fuerte carga inductora, que genere en quien la observe la sensación de lo extraordinario. 

Juan Ortega aquí o allí. En la Maestranza o en Las Ventas. Qué más da si en uno u otro sitio es capaz de exponer su verdad con decisiones sólidas y determinantes. Seguirá, sin duda, creando el toreo en su cabeza para buscar la forma de transformar lo invisible a visible en cualquier ruedo de una plaza de toros. Del mundo y al descubierto.