GALLEANDO

¡Torero!, con corazón de acero

Por Manuel Viera
miércoles, 27 de agosto de 2025 · 07:35

Han trascurridos ocho días, y aunque ha habido cosas importantes en una semana colmada de toreo, no olvido el indiscutible triunfo de David de Miranda el 19 de agosto de 2025 en la plaza de toros de La Malagueta. Aquella tarde se inició el camino hacia una fuerte rivalidad en los ruedos con el que reina en la tauromaquia actual.

Sospechaba que algo grande podría suceder. Porque el valor del diestro onubense, intacto desde aquella triste y ya lejana tarde de Toro, en la que se asomó al abismo de la tragedia esquivándola en enloquecida huida, seguía convirtiendo lo efímero en momentos únicos y emocionales.

La memoria, poderosa diosa enemiga del olvido, mantendrá grabado el excepcional, apasionante y desbordante hacer de quien ofreció en el coso malagueño una tauromaquia de quietud estremecedora y valor apabullante sin dejar de clamar por la preceptiva pureza y la natural belleza. Un toreo en el que se intuyó la adopción de un concepto que reúne los principios básicos del valor y la verdad, evidenciando una expresión artística sin límites, con justo derecho a conquistar la gloria. Con legitimidad llevó a cabo dos excelentes lidias ante las complejas embestidas de exigentes toros.

No sólo monopolizó la tarde sino que le ganó la batalla por el mismo palo al mismísimo Cóndor del Perú. David se impuso con parecidos criterios a los del diestro peruano, aunque sin peripecias ni aspavientos innecesarios, sólo con una valentía fría incalculable y una autenticidad en su toreo con la que subrayó la épica de su colosal tarde.

Nadie dudó que en las dificultades que acompañaron el transcurrir de las respectivas lidias, que resultaron ser dos auténticas hazañas, estaba en juego su vida. La eminente cogida rozaba la desgracia. Fascinante y ambicioso logró su objetivo en la solidez del valor desmedido y la rotundidad de su tauromaquia con la que buscó verdades en su esencia para seguir subiendo por la escalera del éxito hasta el último peldaño. Toda una declaración de intenciones de un torero de garra con un corazón de acero. Pero algunos aún no se enteran.