GALLEANDO

La Maestranza exige recobrar su identidad

Por Manuel Viera
miércoles, 7 de enero de 2026 · 07:45

No hay casi nadie allí en sus tendidos. Nadie que sepa entender y ver lo que pasa en el ruedo para dar después el veredicto concluyente. Esa soledad es tan absoluta que muy pocos son para poder elevar razones y criterios. Las razones de por qué la Maestranza fue plaza con personalidad propia y no como la muestra ahora el público triunfalista que acude a sus tendidos. Es este uno de los problemas de la plaza de toros de Sevilla: la pérdida de identidad.

Un problema intensificado por la raquítica recuperación de abonados que en su día se dejaron ir. Nada fue casual: no se puede olvidar aquella vez en la que se produjo la oleada de aficionados obligados, tal vez, a abandonar sus localidades de abono. Fuga a la que los gestores de entonces no pusieron resistencia, sino la triste queja y la serenidad de la aceptación. Quizá porque los tendidos, poco a poco, se volvieron a llenar de gente, pero sin exigencia, desatendida de la lidia y populista.

La realidad es tan intensa como convincente. Sin embargo, lo popular no ha hecho más que aumentar. Llenar el graderío como reivindicación de esa otra originalidad. Gancho salvador para la empresa, pero nefasto para una plaza que no se le identifica. Se ha conseguido otra Fiesta: la fiesta que disimula la verdad.

De aquí la necesidad de acumular objetivos que posibiliten lo absoluto: recuperar al aficionado. El que ha de devolver la verdadera identidad a la Maestranza. No desdeñar lo popular, no, pero sí conseguir su minoría reconquistando al público entendido. Aumentar y consolidar el abono.

Una aportación determinante de José María Garzón es abrirle las puertas al abonado mejorando la oferta con recursos económicos que lo beneficien. Sin pausa y sin prisa habría que conseguir que el abonado, esa semilla de cosecha, sea mucho más que el espectador casual que adorna los tendidos. Que sea él quien determine con su respuesta y la brillantez de su afición lo sucedido en el ruedo. Una ocasión única para que Sevilla recobre su identidad.

 

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