GALLEANDO

¿Dónde estará el techo?

Por Manuel Viera
miércoles, 8 de abril de 2026 · 15:26

Como era de esperar el público aterrizo de pleno en la Maestranza y todo fue emocionado y emocionante. La alegría contenida explosionó en una enorme ovación cuando el genio de La Puebla de Río apareció por el portón de cuadrillas. Y se repitió después obligándolo a saludar desde el tercio. El diestro cigarrero provoca lipotimias emocionales, cortocircuitos sensibles. Los tendidos abarrotados de la plaza de toros de Sevilla fueron una vorágine de exaltaciones que se transmitieron al territorio de albero donde se asienta y se expende la obra del artista. Fue entonces cuando uno aborda la conciencia de sentirse en la misma senda de influencia a la exaltación. Y todo fue posible.

Sí, porque la tauromaquia de José Antonio posibilita los caminos hacia ese mundo interior propio, vital, ligado a la pasión creativa del torero. Bastaron unos lances a cámara lenta para que la plaza estallara de júbilo. ¿Cómo es posible crear ese lance, aguantar con el capote iniciado el parón del toro, y seguir con ese ritmo sin tiempo? De nuevo la locura, de nuevo la verónica, el valor en un mundo de fantasías. Después, pese a la ausencia de la casta, la calidad de una nobles embestidas le permitieron modificar el comportamiento del animal para ejecutar una faena compleja y ambiciosa, en la que el toreo diestro fue característica fundamental de una obra inconclusa con la izquierda.

El recorrido lentísimo de cada trazo delineó la curva del vuelo de la tela siempre hacia adentro hasta acabar atrás en la cadera. Fue la brillantez del toreo del sevillano, la excelencia en el templo del toreo. La naturalidad que impone a lo hecho sentido trascendental. Sucedió con el cuarto toro de Garcigrande. Fue una lidia de detalles colmados de torería ¡ay ese toreo al paso!, algunos únicos y sublimes por diferenciales, firmados con la contundencia de la estocada. Parece que la gente vio mucho más aún que lo que aconteció en el ruedo y pidieron las dos orejas que el presidente concedió. Una sola hubiese alcanzado el peso del triunfo.

Morante de La Puebla volvió a Sevilla para mostrar ese delicioso toreo que bebe de lo más hondo y granado del gallismo. Verdadera esencia de una tauromaquia sutil, complaciente y auténtica. ¿Dónde estará el techo?