GALLEANDO

Esto, tan emotivo y rotundo, es torear

Por Manuel Viera
miércoles, 13 de mayo de 2026 · 07:02

Bien es verdad que cuando el toreo fluye de la búsqueda de una inteligibilidad pura y despojada de banalidades tiene algo de delirio. De pasión que potencia y amplía los sentimientos. Vectores de emotividad que se vienen encima cuando la importancia de lo hecho se ha conseguido bajo la condición de la verdad. Otra vez abrió en Las Ventas de Madrid las puertas a la recreación de una tauromaquia, con la que realzó el carácter bello de una obra, en la que entremezcló la despaciosidad del trazo diestro con la hondura del templado e hilvanado natural.

Fue la forma de resaltar la intensidad expresiva de su concepto. Una forma de hacer el toreo imprescindible para provocar la emoción. Se mostró inspirado para plasmar una lidia sugerente y convincente con la que alcanzó el encanto deseado. La profundidad y solidez de su mano derecha y, sobre todo, la transparencia y calidad de su mano izquierda tiñeron de sutiles naturales una faena de Puerta Grande.

Quizá no sea fácil superar versión tan perfecta de una tauromaquia tan elegante como sensible. Un toreo hecho y dicho con el alma. Tan grandioso que el resultado final no sólo gustó, sino que convenció. Fue en realidad emotivo, y eficazmente conseguido en el seno de la inspiración. Y esta vez no se limitó al detalle contemplativo, insistió hasta hacer del trazo zurdo lo más sublime de la lidia. Excelente realidad de una izquierda que fue toda un completo manual del arte y verdad.

Ahora, que la ambición, la firmeza, el arresto y la aparente facilidad con la que Alejandro Talavante se mostró delante del gran toro de Núñez del Cuvillo, en la corrida inaugural del largo ciclo de San Isidro, las declare incompatible con esa simplicidad que a veces muestra para transformar suntuosos banquetes de pura tauromaquia en espartanos menús de banalidades. No es lo suyo la desahogada versión de lo anodino. Pero esa es otra historia. Esta, diferente y triunfal, mostró la seriedad, apostura, energía y concentración de un torero que supo reunir el valor, la pureza, el sentido lírico y la audacia armónica para hacer del natural una joya. Y esto, tan emotivo y rotundo, es torear.