PANTALLAZOS

Victorino juzga

miércoles, 5 de junio de 2024 · 23:21

Tarde de ovaciones. Dos grandes al Rey, de llegada y despedida. Dos de salida al primero y al segundo que también, como el tercero, se llevó un estruendosa en el arrastre. Otra para Paco Ureña que le obligó la vuelta al ruedo tras la tenaz lidia del encastado tercero. Todo con un lleno expectante para la corrida de la prensa con el hierro emblema de la plaza. Sin embargo, al final, por unas y por otras el resultado se quedó corto.

Los toros, aunque dispares, bien presentados, cárdenos, cinqueños, 561 kilos promedio, exhibieron un catálogo de los problemas que la raza trae a la plaza para que los resuelvan los toreros. Por momentos algunos parecieron ser desentrañados, pero al final, final ninguno. Lidiar victorinos es desafío extremo. Ya se sabe. No valen las disculpas de que no ayudaron, de que no se dejaron, de que fueron desobedientes, insubordinados, molestos, bravos, encastados, mansos, duros, ofensivos… Hay que lidiarlos y poderles. Ahí está la gloria del toreo. Sino no.

Por ejemplo “Garañuelo”, el segundo, número 78, bien adulto, como todos, 590 kilos. Saltó y arrancó aclamación popular. Borja Jiménez, le salió al paso con lo mejor que hizo en toda la tarde, cuatro verónicas y sobre todo la salerosa media. Empujó airoso en la primera buena vara de Alberto Sandoval, pero la segunda marrada y recolocada no le hizo honor. Como insultado por el mal trato le midió las cautelosas aproximaciones a José Luis Barrosos y Gómez pascual, que desfilaron con pena y persecución angustiosa. Por entonces era dueño del ruedo, mientras el matador brindaba a su majestad con una declaración de principios: “Por usted, por la monarquía, por la tauromaquia y por España”. Brindis que requirió mejor corroboración con los hechos. Desde el primer derechazo el brindado dijo que no venía como comparsa de nada, qué el que quisiera lucirse con él tendría que ganárselo. Se apropió de su terreno, arrancándose pronto y humillado al toque, pero exigiendo, mando, aguante, planta firme a quien intentase permanecer allí, donde se cuecen las habas. Enterado el matador, se fue al pisa y corre, al reverendo unipase, a la toco y me voy. Solo tres derechas ligaron, más el remate fue de retirada. Una voz desde el callejón, presente al fondo de la transmisión, teledirigía la lidia, suerte a suerte. El toro se ganó al público, y cuando el pinchazo bajo, el medio bajonazo, el aviso y los cuatro descabellos acabaron con él, quedó sensación de deicidio. La ovación al arrastre además de reconocimiento a su bravura parecía contener una expresión de desagravio y vergüenza.

Con el soso cuarto y con el abusado en varas sexto el espartino no sobreaguó. A este último, “Misterioso” el más ligerito y bonito (526 kilos), que había tomado los capotes humillando noblemente. “Espartaco”, su picador le desagradeció la prontitud, baja pujanza y celo, tapándole inmerecidamente la salida para una larguísima solfa de puyas duras y traseras, en medio de una bronca de solidaridad con el toro. Aun bajo ella Juan Sierra y Gómez Pascual colgaron como pudieron cuatro palos entre los dos. La muleta trompicada y la posición embarullada vinieron a encontrar algo de sosiego ya entrada la brega para binomios de muletazos y pasos perdidos, muchos y raudos, dadas las revueltas defensivas del sobrecastigado, pero no derrotado. Y otra vez el juicio popular fue animalista. Pinchazo y media espada despendida con vómito liquidaron malamente la mala lidia y la tarde.

Por contra, Paco Ureña, sin estar en su día, mantuvo su respeto. Sus mejores momentos estuvieron con el altanero tercero, ”Japonés” recibido a palma batiente por el público, incluido S.M. Felipe VI. ¡Qué cara! Se quiso comer la capa y no dio respiro. Romero le puso una puya buena y otra no tanto. Pero no peleó como prometía. Luego esperó mucho a Espartinas y Azuquita, llevándolos palo a palo por la calle de la amargura. Tras el brindis a la concurrencia, cuatro derechas ligadas y su remate airoso, y luego tres de lento dibujo y acompasada ligazón, fueron lo mejor de la faena y la corrida. Lo demás, una reyerta de te paso por aquí, me revuelvo y te cojo por allá. En la que la honradez del murciano para permanecer largamente frente a la constante amenaza fue reconocida por la plaza y más cuando la estocada de la tarde rodó fulminado al fiero que se fue aplaudido para dar paso a la vuelta al ruedo. Único premio para los espadas en la tarde.

El primero malgeniado, avisado, no tuvo un pase y el quinto, soso y manso aunque noble huía y huía en la prolongada brega. Tras un aviso, la trabajosa igualada y la incierta espada mostraron que el animal había logrado desacomodar a Paco. Pinchazo bajo, medio bajonazo ambos saliéndose de la suerte (raro en él), dos descabellos fallidos, echada, levantada y echada pusieron punto triste a una presentación que por lo demás fue muy decorosa.