PACO DELGADO

Un tipo legal

Dice El Cordobés, Manuel Díaz, que se va. La artrosis que sufre en sus caderas le está amargando desde hace tiempo y ya parece que no puede más. Este año tuvo que cortar la temporada en junio por ese problema y, ahora, anuncia que se va a volver a operar y según quede hará temporada de despedida o, como mínimo, actuará una última vez en público para que sus hijos le corten la coleta.

Tras una larga trayectoria en los ruedos -se vistió de luces de luces por vez primera el 15 de agosto de 1983 en Abenójar, debutó con picadores, todavía con el sobrenombre de El Manolo, en Córdoba el 7 de abril de 1985, y tomó la alternativa, en Sevilla, el 11 de abril de 1993-  deja un buen recuerdo. Para muchos, como persona, excelente. Y así tengo que recordarle en mi trato con él. Muy buena gente. Amable, cordial, cariñoso, sencillo, campechano y simpático como él solo.

Como torero hay división de opiniones, aunque hay que decir que tuvo que cargar con el peso de su alias, no en vano anunciarse como El Cordobés lleva un sello e implícita una carga: tener que torear como lo hacía Manuel Benítez, que fue quien puso el apodo en circulación en todo el mundo. Pero no es mal torero este Manuel Díaz, que durante mucho tiempo se vio forzado a dividir sus actuaciones en dos partes, la obligada versión del original, con cabezazos y saltos de la rana incluídos, y otra seria, en la que dejaba ver maneras, temple y cintura. Fue también, lo ha sido hasta hace cuatro meses, un muy notable intérprete del toreo de capa, manejando el percal como pocos son capaces de hacer en la actualidad, aunque muchos me hayan tildado poco menos que de sacrílego cuando lo he expuesto. Y en Valencia, en la feria de fallas de 1998, ante una excelente corrida de Puerto de San Lorenzo, se mostró como un torero que no sólo dependía de la astracanada y el esperpento para conseguir el favor del público, dejando aquel 16 de marzo una actuación soberbia; con la capa toreó con cadencia y gusto, veroniqueando con empaque y ritmo, aprovechando todos los quites que le correspondieron, y con la muleta exhibió un tono que muchos desconocían en él. Sin violencia, sin prisas, con una templanza extraordinaria, ligando los muletazos y haciendolo en un palmo de terreno... Logró cortar dos orejas, siendo el único diestro que en aquel serial pudo abrir la puerta grande, algo que no consiguieron hacer diestros como Esplá, Rivera Ordóñez, Vicente Barrera, Ortega Cano, Emilio Muñoz, César Rincón, Manuel Caballero, José Tomás o el mismísimo Enrique Ponce...

Su peripecia vital es también de cine y él sabe lo que ha pasado. Conocido por todo el toreo -hasta Paquirri le brindó un toro la fatídica tarde de Pozoblanco-, le engañaron para que saltase de espontáneo en Las Ventas en el festival que actuaba el Cordobés de Palma del Río y tuvo que torear lo que le echaran y donde fuese.

Tras no poca lucha por abrirse camino, de la mano de Paco Dorado -otro personaje que tiene leyenda y debería tener libro y película- se hizo un hueco en el circuito y toreó mucho en aquellos años de final de siglo, no en vano en 1998 lideró el escalafón de matadores con 108 actuaciones y volvió a repetir número uno en 2007 al sumar 97 contratos. También ayudó el morbo que generaba su lucha por ser reconocido como hijo legítimo de Benítez -del que se dice que siempre estuvo detrás para echar una mano cuando hiciese falta...- pero nunca dejó de dar la cara ante el toro. Y aunque desde hace un tiempo no estaba en las ferias de postín siempre tuvo sitio en las de segunda. Como él mismo ha dicho en alguna ocasión, en las ferias de primera tiene que haber figuras de primera pero en las que no son de primera tiene que haber toreros que no sean las figuras. Y él siempre tuvo su espacio.

“Me siento pagado y no quiero tampoco abusar. Todo tiene un fin y a mí ya me ha llegado el final como matador. Nunca dejaré de ser torero, pero si dejaré de estar en activo”. Lo dice un torero que es, además, un tipo legal. Si yo tuviese poder de decisión o mando en alguna cadena de televisión, le pagaría lo que pidiese por tenerlo como estrella.
 

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