PACO DELGADO

Tanto tiempo perdido

Quince años, que se dice pronto, han pasado desde que se firmó en París la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial por parte de la UNESCO. Y fue la Asociación Internacional de Tauromaquia la primera en utilizar los mecanismos de protección que este tratado internacional había habilitado para perpetuar la Tauromaquia como legado cultural.

Quince años más tarde, que se cuentan rápido, esa misma AIT denuncia que muchos han sido los desprecios que aquel tratado, y su propio trabajo y esfuerzo, han encontrado en el camino por parte, y esto es lo más grave, de los estamentos a los que les correspondería defender la Fiesta: unos por el hecho de vivir de ella en unos casos y, otros, porque, siendo responsables políticos  tiene la obligación de velar por la cultura. Pero, ay, ni aquellos ni estos han hecho prácticamente nada para proteger, fomentar o difundir la fiesta de los toros. Algo mucho más alarmante si se tiene en cuenta que desde hace unos años ha arreciado la campaña antitaurina y la animadversión hacia este espectáculo por muchos organismos, asociaciones e instituciones que deberían no sólo velar por ella.

Curiosamente, la únicos que han luchado y peleado por la defensa de los toros son los aficionados, que a través de peñas, asociaciones, etcétera, han  venido desarrollando esta labor más allá de la lógica exigencia que a ellos les corresponde. Pero menos mal, porque otros no sólo lo han ignorado, sino que han preferido esperar a que fueran personas venidas de fuera, los que ratificaran aquel mensaje para creérselo y actuar en consecuencia.

Victorino Martín, desde su cargo de presidente de la Fundación Toro de Lidia, reconoce esta falta de interés y se hace cargo de lo beneficioso y positivo que sería llevar la Tauromaquia a la UNESCO, pero... también se lamenta de que nadie en el sector se haya preocupado desde dentro de trasladárselo a este organismo… Ni a éste ni a ningún otro, apostillan desde la AIT, que ha emitido recientemente un comunicado en el que se posiciona con respecto a la firma de la Convención de la UNESCO como herramienta despreciada para la defensa de los toros.

Es la historia de siempre y no debería sorprender, aunque evidentemente no deja de ser una postura tremendamente nociva para una actividad que va mucho más allá del negocio puntual que represente el montaje de una función. Y ahí puede ser donde esté el problema. Nadie en la cúpula del sector taurino, o sólo muy pocos, para ser justos, se percata del alcance real de un hecho que se remonta a los orígenes del hombre y que no se limita a la consecución de un beneficio económico inmediato, aunque también, lógicamente, pero no debería ser ese el único motor que nos mueva. El pan para hoy o que el que venga detrás que se apañe no son sino señales muy preocupantes de que algo funciona mal.

Cientos de pueblos en España y otros paises taurinos han reconocido la Tauromaquia como parte de su Patrimonio Cultural Inmaterial, pero a la vista de cómo está el patio, con los animalistas crecidos, la izquierda radical al deguello y la maldición de lo políticamente correcto en su punto más alto, puede que no sea suficiente para la preservación de una nuestras más grandes y ricas tradiciones culturales si los que manejan el tinglado no se implican.

Ya se ha perdido mucho tiempo ¿hasta cuándo se va a esperar para reaccionar? La táctica del avestruz se ha demostrado inútil casi siempre.

 

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