PACO DELGADO

Las lecciones de Ureña

Ureña ha dejar patente una vez más su responsabilidad e implicación con su profesión. Además de una entereza que refleja, una vez más, la grandeza de quienes se visten de luces para enfrentase a un toro
jueves, 27 de diciembre de 2018 09:00
jueves, 27 de diciembre de 2018 09:00

La Navidad de este año tuvo unas vísperas, al margen de un nuevo intento de buscar protagonismo por parte de nuestro Gobierno y del desgobierno de Cataluña, protagonizadas por un torero, Paco Ureña, que eligió Valencia -y no por mero capricho- como escenario para anunciar que no se rinde y que vuelve a torear en 2019.

Fue la suya una noticia que debe interpretarse desde tres puntos de vista distintos. En primer lugar hay que felicitarse porque así sea. La tauromaquia hubiese sufrido una importante pérdida si el torero murciano hubiese tenido que dejar los ruedos. Su trayectoria desde unos años atrás era claramente ascendente y había logrado hacerse un hueco entre los grandes, y no de manera casual ni gratuita: a fuerza de trabajo, de voluntad, de arrimarse y de verdad. De ofrecer un estilo tremendo y desgarrado que llega al tendido pero que, por contra, ofrece no poco riesgo a su autor. Y no han sido pocas las cogidas y cornadas sufridas por Ureña a lo largo de estos últimos años. Por no esconderse, por no escurrir el bulto y por una honradez que merece el mayor de los respetos y todos los elogios.

Una honradez que ha vuelto a demostrar con motivo de su último percance. Y aquí hay que encajar la segunda reflexión. Ureña ha dejar patente una vez más su responsabilidad e implicación con su profesión. Además de una entereza que refleja, una vez más, la grandeza de quienes se visten de luces para enfrentase a un toro. Entereza que evidenció desde que aquel toro de Albacete le reventó el ojo en uno de los lances de recibo y, aturdido por el tremendo golpetazo, sin ver por un ojo y consciente como ha confesado de haber perdido la visión de aquel ojo para siempre, no se acongojó y se dejó llevar a la enfermería, sino que siguió en el ruedo ¡y lidió y dio muerte al toro causante de la desgracia! Ahora anuncia que en 2019 seguirá toreando como si nada hubiese ocurrido. No se esconde y elige una plaza de primera, con un toro de primera y una exigencia de primera para su retorno a los ruedos. Podría haber buscado más comodidad, más facilidad y menos compromiso, pero ha preferido, una vez más, el riesgo y el camino más complicado para que su éxito sea también mas grande. Como siempre han hecho los grandes, los destacados y los héroes. También anunció que pospone una nueva intervención quirúrgica que necesita ese ojo ahora maltrecho, pero ello llevaría implícito el retrasar su reaparición y era posibilidad que no pudo aceptar.

Por último hay que recordar que su anuncio fue lo que se dice toda una noticia y que hubiese debido tener mucha mayor repercusión y alcance. Los medios locales y los especializados, desde luego, se hicieron eco y le dieron el espacio que el hecho y su trascendencia merecen, pero la prensa generalizada pasó casi de puntillas y hubo algún periódico de ámbito nacional que no siquiera lo mencionó. Cuando llega la tragedia, en cambio, no hay restricción de espacio y el despliegue informativo es enorme. Pero cuando se trata de un suceso positivo, el mundo de los toros sigue estando a la cola y dejando ver que su peso es peligrosamente escaso. Como la implicación del negocio en algo que  vaya más allá de sus intereses.

Paco Ureña dio en Valencia, como antes en muchas otras ocasiones en la arena y ante el toro, varias lecciones. Esperemos que saquemos de ellas las conclusiones pertinentes y una enseñanza positiva. Gracias, torero.

 

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