PACO DELGADO

El valor de los cómicos

jueves, 5 de diciembre de 2019 · 08:11

Termina el año cuando una noticia logra sorprender -en un país que parece haberse vuelto loco, o, peor, idiota- si ello es todavía posible: el anuncio de un espectáculo cómico taurino.

Lo que en el siglo XIX -dato que viene a confirmar su importancia también a través del tiempo- se conoció como mojigangas o pasatiempos, espectáculos en los que se representaba de manera satírica aspectos de la vida social, política o cultural de la época, siempre con un novillo por medio, poco a poco fue tomando carta de naturaleza y en el siglo XX comenzó a desarrollarse como un nuevo género dentro de la tauromaquia: el toreo cómico.

Eduardo Pagés puede decirse que fue quien logró su instauración definitiva, en la segunda década del siglo XX, más o menos a la vez que un valenciano ilustre, Rafael Dutrús “Llapisera” conducía a la  fama a una cuadrilla en la que hacía el paseíllo con su Botones y Carmelo Tusquellas, que adaptó a los toros un personaje universal: Charlot, consolidando un espectáculo estructurado en varios tramos y que culminaba con lo que se llamó parte seria, en la que un novillero principiante lidiaba un becerro con arreglo a los cánones y lejos de los excesos y excentricidades protagonizadas minutos antes por los cómicos.

El Empastre, banda valenciana que llegó a lo más alto en la especialidad y dio varias vueltas al mundo con su puesta en escena, Los Califas, Galas del Arte, en cuyo elenco figuraban varios miembros de la familia Villaverde, como Don Canuto o su hermano El Gran Kiki, El Bombero Torero, de Pablo Celis, El Chino Torero, Los Calderones, El Toronto, de Gregorio García y Julián Melero, y tantos y tantos otros lograron que durante gran parte del pasado siglo no hubiese feria que se preciase que no contase con al menos uno de estos espectáculos en su programación. Y también se anunciaban fuera de ferias y cumplían centenares de actuaciones cada temporada, llenando plazas grandes y menores y dando grandes figuras como Laurelito, Paco Más, Arévalo, Ramper y muchos otros que hicieron las delicias de todos y que sirvió de iniciación para aficionados y profesionales.

Y es que el toreo cómico no sólo dio grandes satisfacciones a las empresas, también aportó varias suertes a la tauromaquia -la chicuelina y la manoletina, verbigracia, fueron antes de su incorporación al repertorio habitual del toreo recurso de los toreros bufos - y, desde luego, propició, en tiempos en los que no había escuelas taurinas, enseñanza y oficio a multitud de torerillos, muchos de los cuáles llegarían a  ser grandes figuras: Manolete, Antoñete, Ortega Cano, Dámaso González, Espartaco, El Soro, César Rincón... son algunos ejemplos destacados de diestros hechos en aquella tan importantísima parte seria de los espectáculos cómicos.

Pero la política acabó con este género y la reforma del Reglamento de 1991 acabó con la muerte del animal en estas funciones y logró la desaparición de aquella llamada parte seria. Lo que propició finalmente el fin de los espectáculos cómicos. Se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos, los festejos de este tipo que se han dado en las últimas temporadas...

Es por ello que hace ilusión que se vuelva a anunciar y promocionar uno de ellos, Diversiones en el ruedo. Ojalá que funcione.

 

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