PACO DELGADO

Una Magdalena (casi) muy sabrosa

No se puede decir que la celebración de la septuagésimoquinta edición de la feria castellonense de La Magdalena haya sido floja o decepcionante
jueves, 04 de abril de 2019 06:10
jueves, 04 de abril de 2019 06:10

No se puede decir que la celebración de la septuagésimoquinta edición de la feria castellonense de La Magdalena haya sido floja o decepcionante. Tampoco todo lo contrario, que dirían Miguel Mihura y Tono. Pero sí que dejó un buen sabor de boca, con excelentes momentos y pasajes. Y también algún que otro tropezón amargo.

El serial comenzó con una agradable sorpresa, como fue la muy importante actuación de Paco Ramos, asentado y capaz, Vicente Soler, que sorprendió por su reposo y seguridad ante una exigente corrida de Adolfo Martín, ganadería debutante en esta feria y de la que uno de sus toros, “Carpintero”, lidiado por Vicente Soler en su primer turno fue tenido como el mejor de la semana.

La puerta grande se abrió en el segundo festejo del abono y para que por ella saliese Diego Ventura, que cortó una oreja a cada uno de los toros de Bohórquez a que se enfrentó, tras una actuación muy entonada y del gusto del público. Pero también debió salir a hombros Andy Cartagena, que si falló con el rejón de muerte con su primero, con su segundo entusiasmó, pidiendo la concurrencia con muchísma fuerza una segunda oreja que la presidencia no concedió, teniendo que dar el jinete benidormí dos vueltas al ruedo.

Martes y miércoles se ocuparon con novilladas de promoción organizadas por la Escuela Taurina local, triunfando el día 26 Marcos Andreu y Antonio Villalta, ambos alumnos de la Escuela de Castellón y que cortaron dos orejas cada uno de erales de Pedro y Aida Jovani, paseando una oreja el valenciano Miguel Polope y el albacetense Alejandro Peñaranda.
El día 27, tras lidiar ganado de Pablo Mayoral, los que salieron en triunfo fueron otros dos alumnos de la Escuela anfitriona, Jorge Rivera, que cortó tres orejas, y Cecilio Lorite “El Ceci”, que obtuvo dos, mientras que el almeriense Jorge Martínez paseó una del eral que abrió plaza.

El jueves se reanudó el abono con una notable corrida de El Pilar de la que sólo El Cid, que se despedía de esta plaza, pudo conseguir una oreja tras una faena de buen corte con la derecha a su segundo, el mejor toro del encierro.
Román pudo haber tocado pelo si hubiese acertado a matar con prontitud a su primero, con el que estuvo valiente y dispuesto, yendo a menos su labor con el también buen sexto, en tanto que López Simón derrochó ganas con el lote menos agradecido de la tarde.

Roca Rey fue el gran triunfador el viernes, cortando tres orejas por una actuación decidida, dispuesta y entregada que caló enseguida entre el público que llenó la plaza.
También El Fandi llegó pronto al tendido con otra de sus habituales y características demostraciones en las que lo da todo siendo Manzanares el único que se fue de vacío y dando la sensación de no andar a gusto con una muy terciada y cómoda corrida de Juan Pedro Domecq.

La puerta grande también se abrió en la penúltima corrida del abono magdalenero y por ella salió Miguel Ángel Perera, que corto una oreja a cada uno de sus toros tras sendas faenas de firmeza y ganas.
Morante de la Puebla dejó detalles y pinceladas y dio la vuelta al ruedo tras acabar con el cuarto y firmar una faena un tanto intermitente mientras que el Juli no acababa de arrancar y anduvo tan tesonero como embarullado ante un encierro muy justo de presencia pero noble y manejable de Domingo Hernández y Garcigrande, cerrándose el serial con una función brillante pese a la lluvia que no cesó durante todo el festejo, el mal estado del ruedo y el malestar del público por esperar una hora para que arrancase la última corrida de la feria, el espectáculo valió la pena y se pudo ver a un Finito muy inspirado y mucho más sólido que en Valencia y a un arrestoso Cayetano.

En el debe hay que anotar la poca entidad de las corridas que se llevaron para las figuras. Tanto los toros de Juan Pedro Domecq como los de Domingo Hernández, aunque luego fueron bonancibles y colaboraron en el triunfo de sus matadores, no hubiesen pasado como novillos, ni por cara ni por hechuras, en muchas plazas.
 

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