PACO DELGADO

El despertador de Sevilla

Así, pues, en Sevilla -donde Aguado logró un triunfo tan espectacular y tremendo comparable al obtenido por Espartaco en 1985, o Rincón en 1991. O el de El Cordobés de 1964...- sonó el despertador y todo el mundo se ha puesto las pilas
jueves, 16 de mayo de 2019 09:00
jueves, 16 de mayo de 2019 09:00

Aunque siempre hay que ser cautos y no conviene echar las campanas al vuelo demasiado pronto, la verdad es que lo hecho por Pablo Aguado en la recién finalizada feria de abril sevillana mueve no ya al optimismo sino a una lógica y comprensible euforia. Aunque, ya digo, lo prudente sería aguardar un poco para poder afirmar que la tauromaquia tiene una nueva figura. Y no porque lo hecho el otro día en la Maestranza vaya a ser un espejismo -ya había avisado desde sus tiempos de novillero y en la últimas y no tan lejanas fallas dejó claro que venía para que se contase con él- sino porque el toreo, como la vida misma -de la que es espejo y fiel reflejo-, es impredecible y caótico. Y por eso también tan maravilloso.

Pero, qué duda cabe, lo hecho por Pablo Aguado ha sido como abrir una ventana para que entrase aire fresco y renovador, un chute de ilusión y una recarga de unas baterías que parecían irse agotando. Su triunfo, incontestable, rotundo, contundente, y tan espectacular como legítimo, toreando de verdad, sin florituras innecesarias, sin trampas ni cartones, sin desplazar a los toros hacia afuera, como tan de moda y al uso está, fajándose con ellos, arrimándose, quedándose quieto y haciéndolo todo muy de verdad y muy despacio, sin artificios de ningún tipo y sin escatimar esfuerzo, entusiasmó a los aficionados, tanto a los que tuvieron la suerte de verlo en directo como a los que lo presenciamos a través de la televisión, y puso a cavilar a más de uno entre los del taurineo. Una imagen puede servir de perfecta ilustración a lo que digo: una instantánea en la que se ve ese día al torero sevillano toreando al natural mirando al tendido -aunque yo diría que con el rabillo del ojo está pendiente de Roca Rey, con el compartió terna aquella tarde y al que también parece retar- mientras que el peruano hace como que mira para otro lado, sin querer dar importancia a lo que está haciendo su colega.

Hasta ahora parecía que este año aquí no iba a mandar más que Roca Rey -que, por si alguien se olvida ya de él, lleva tres años en plan intratable y ese mismo día del zambombazo de Aguado cumplió una actuación sensacional pero que quedó en segundo plano, y que unos días también había salido a hombros de ese mismo coso maestrante-, el único que hasta ahora llena por sí solo y logra poner a la gente en pie cada tarde que torea. Pero esto anima el cotarro y se abre un panorama nuevo y cambia la situación del tablero. Hay que contar ya con Aguado no sólo como complemento sino como actor principal y combinar el sota, caballo y rey -de la baraja- con ases, picas y tréboles y hasta con algún diamante en bruto, que también los hay.

Aquí ya no solo es el torero el que sale ganando, por cuanto, imagino, aumentarán su caché y contratos, sino el toreo y, sobre todo, quien mantiene el tinglado, el público, que es quien llena las plazas y quien necesita que se refresque la oferta para seguir pasando por taquilla. Ver siempre la misma película, al final cansa.

Así, pues, en Sevilla -donde Aguado logró un triunfo tan espectacular y tremendo comparable al obtenido por Espartaco en 1985, o Rincón en 1991. O el de El Cordobés de 1964...- sonó el despertador y todo el mundo se ha puesto las pilas. Al trío de cabeza, aunque Ponce de momento esté fuera de combate por su tremenda lesión de Valencia, se une Pablo Aguado, quien, junto a Ureña y Emilio de Justo, amplía el círculo de manera notable y obliga a más de un acomodado a demarrar también si no quiere verse descolgado. Y ahí siguen, esperando, otro puñado de toreros que en cualquier momento pueden protagonizar un “sorpasso” y adelantar a los que hasta ahora andaban por arriba y creían que nadie les podría superar a pesar de que veían como rateaba el motor.

Si el conjunto de la feria sevillana este año fue notable, en cuanto a toros y toreros, tuvo además un plus y sirvió para que un nuevo valor se convierta en figura emergente de verdad.
 

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