PACO DELGADO

Lo que significa Albacete

jueves, 12 de septiembre de 2019 07:13
jueves, 12 de septiembre de 2019 07:13

Aunque comúnmente está aceptado que el toponímico de la ciudad es una adaptación al latín del término árabe que la designaba como “tierra llana”, bien podría acuñarse que Albacete significa tierra de toreros. Y así lo prueba el elevado número de matadores que desde Cándido Martínez “Mancheguito” hasta los doce que este año se anuncian en esta feria han salido de esta provincia. Por no hablar de los que han vestido, y visten de plata o se tocan con castoreño.

Hablar de toros en septiembre es hablar de Albacete, siendo su feria el principal referente de un mes en el que la actividad en el mundo taurino es frenética y los toreros y sus cuadrillas cruzan de parte a parte una y mil veces nuestra vieja y no por nada llamada piel de toro.

Pese a que se considera a agosto como el mes taurino por excelencia -y al día 15 de dicho mes como el que mayor número de festejos acoge- es septiembre el que de verdad tiene una mayor contabilidad de funciones y el día 8 el que más funciones disfruta a lo largo y ancho de la temporada. Ya se sabe aquello de la fama y la lana...

Pero lo bien cierto es que llegando septiembre todo el mundo mira hacia un lugar de La Mancha del que siempre quiero acordarme y en el que tuve la suerte y fortuna, además de otras muchas cosas, todas buenas o excelentes, de ver por primera vez una corrida de toros en vivo y en directo. Desde que recuerdo, y mis recuerdos se remontan a cuando era bien pequeño, los toros eran la mayor de mis ya por entonces muchas aficiones y no había corrida televisada que me perdiese, siendo mi abuelo y mi padre los que me aclaraban dudas y explicaban lo que iba viendo en la tele. Pero fue en la plaza de Albacete donde, como digo, presencié por primera vez una corrida en el tendido. Me llevaron mis padres un día de feria de 1965 y el primer recuerdo que tengo de aquel día tan especial es el impacto que me causó el color del ruedo. Acostumbrado al gris de la pantalla el color de las fotos que veía en revistas y periódicos de entonces no reflejaba la verdadera intensidad de la luz que emanaba de aquel círculo mágico. Ni la policromía del público que abarrotaba la plaza. 

El paseíllo fue otro momento impresionante y me llamó muchísimo la atención el fuerte color rosa de las medias. Luego, cuando los diestros actuantes se despojaron de los capotes de paseo, el color de los trajes me volvió loco, especialmente el que lucía Manuel Benítez “El Cordobés” -Fermín Murillo y Manuel Amador completaban la terna, aquel vestido de negro y oro, de rosa este-, un celeste y oro al que el contraluz daba un tono extraordinario y que -a la vez que la presencia tan cercana de quien entonces era mi ídolo- me dejó aturdido. Fue una experiencia tremenda y que debió influir en mí no sólo para fortalecer una afición creo que innata sino para despertar mi interés por el color en todo lo que se refiriese al toreo.

Desde luego, es la plaza de Albacete mi gran referencia taurina, el origen y esencia de lo que acabó siendo algo más que una afición.

Dicen que la verdadera patria de uno es la infancia y en este caso no sólo eso, sino también el germen de todo, unido indisolublemente a un lugar, Albacete, y un escenario, su plaza de toros, donde ahora, cada tarde, revivo aquellos momentos y pienso en la fortuna que tuve de llegar aquí y entonces.

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