PACO DELGADO

La doble R

jueves, 23 de enero de 2020 · 07:00

No se puede decir que estemos atravesando un momento dulce para la tauromaquia, no. El importante avance de la izquierda radical, que ha terminado por condicionar y someter el gobierno de España, pone en jaque a la fiesta nacional. De la que desconocen absolutamente todo. Hasta esa denominación, fiesta nacional, la asocian a la dictadura más reciente. Bueno a la casi más reciente, porque ahora mismo estamos ya inmersos, y sometidos, en una nueva, la suya.

El pensamiento único tiene estas cosas. Ya lo dijo Kierkegaard: el individuo puede equivocarse a veces; la masa siempre. La masa es tonta y manejable, fácil de mangonear. O, como dice el filósofo Gustavo Bueno, que cien individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de cien sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota...

Y ante esa situación si no de desamparo pero sí de acoso -desde continuos ataques desde los más diversos frentes, institucionales o particulares; falta de apoyo oficial; desaparición en los medios de comunicación; intoxicación a nivel general...- no cabe sino mantener una postura firme y decidida. Una disposición que implique una resistencia numantina y una reacción potente y contundente.

Resistencia y reacción, esa es la clave. Resistencia para aguantar lo que está cayendo y reacción para tratar de dar la vuelta al combate. No hay que rendirse, no hay que asumir que esto no tiene solución ni remedio. Si repasamos la hemeroteca, hace más de un siglo ya se decía que los toros estaban acabados... cincuenta años más tarde también se auguraba un porvenir nefasto de manera inmediata, y aquí estamos. Tocados pero no hundidos. Mientras exista un toro y haya alguien dispuesto a ponerse ante él, la fiesta no acabará.

Ahora bien, además de esa oposición a los abolicionistas y agoreros -que también los hay, entre las filas de los propios taurinos, que piensan que es mejor dejar que todo acabe y parece que obran en consecuencia- hay que contraatacar. Con firmeza y de manera rotunda, no con medias tintas y parches de tente mientras cobro. Si hay algo claro y en lo que se debe basar todo el movimiento de defensa y recuperación del terreno perdido es en la afición. A la gente le gusta el espectáculo taurino. Y las pruebas a la vista están. Ahí está el número de espectadores que a lo largo de la pasada campaña pasó por taquilla. Ahí está la respuesta del público. Que se vuelca cuando se le motiva y, sobre todo, cuando se programa algo que le interesa. Hay que acordarse de la motivación de la gente ante el invento del bombo de Simón Casas en Las Ventas, a pesar de que, en realidad, no servía para nada, tal y como se planteó. O cómo se moviliza la afición cuando, por ejemplo, se anuncia a José Tomás, o a Roca Rey.

En esa línea tendrían que ir los tiros. Ofertando programaciones con verdadero interés, con rivalidad auténtica en el ruedo y, desde luego, con un toro que ofrezca emoción y lucha. Lo de América no debería caer en saco roto y la disminución de la asistencia va pareja a la rebaja del toro.

También habría que buscar tener cabida en los medios, algo fundamental, vital para que esto resurja. La propaganda es imprescindible, pero hacerla sólo en las publicaciones taurinas es como echar agua al mar. La televisión es la batalla. Y gente hay para intentarlo.

Lo que no se puede permitir es la dejadez, el creer que sólo queda arramblar con lo que se pueda y que el que venga detrás que arreé. Esa actitud solo conduce al desastre y debe ser arrumbada. Palabra que, a su vez, lleva asímismo dos erres.

 

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