PACO DELGADO

¡Viva Cartagena!

jueves, 26 de noviembre de 2020 · 07:42

Hace unos días se cumplieron veinticinco años de la muerte de Ginés Cartagena, el rejoneador que tras Ángel Peralta, más hizo en el último tramo del siglo XX para revitalizar y fomentar el rejoneo. Ginés Céspedes Sánchez, ese era su verdadero nombre, irrumpió como un torbellino en el mundo taurino y sólo la muerte le quitó su sitio.

Hijo de un mecánico de Cartagena, de ahí su alias, al que le encantaban los caballos, fue ejemplo puro de vocación, ya que bien pronto, tras asistir a una fiesta en la que medio en broma medio en serio lidió un becerro, decidió que, por encima de cualquier otra consideración, sería torero a caballo. Y pese que en su familia no había medios para la adquisición de caballos especializados -ni de cualquier otra condición-, logró su propósito a base de esfuerzo, empeño y voluntad férrea. Sus cuadras las creó él mismo, muchas veces a partir de caballos desechados de hipódromos, algo muy frecuente en su primera época, dejando para el recuerdo y las antologías equinos como Whisky, Romerito, Quiebro, Cordobés, Trasnochador, que utilizaba para sus famosas levadas, una de las suertes más espectaculares que practicaba, así como Guitarra y Polvorilla, que pasaron a su muerte a pertenecer a su sobrino Andy.

Su vocación pudo con todo. Y su toreo, decidido, y rico de adornos y filigranas, cuya máxima expresión fue el par al violín, le colocó pronto en la cumbre. Con catorce años mal contados debutó en la plaza alicantina de Alfaz del Pí, en 1982, y se presentó en Madrid, en Las Ventas, el 19 de marzo de 1987, alternando con Curro Bedoya y los hermanos Joao y Antonio Ribeiro Telles, siendo los toros lidiados de la ganadería portuguesa de Infante da Cámara. Entonces dio sendas vueltas al ruedo tras acabar con su toro  y con el que actuó en collera con Bedoya. El 3 de junio de 1989 estrenó la Puerta Grande de la Monumental madrileña, , en la feria de San Isidro, en una corrida triunfal para él al hacer collera con Antonio Ignacio Vargas, cortando entre los dos las dos orejas, con las que salieron a hombros. El 21 de abril de 1991 hizo lo propio en Sevilla y se apuntó la del Príncipe de la Maestranza.

Fueron aquellos años de no parar. En 1990 toreó 68 corridas; 74 en 1991; 68 en 1992; 56 en 1993; 81 en 1994 y 89 en 1995, liderando el escalafón de rejoneadores las temporadas de 1989, 1990, 1991, 1994 y 1995.

Rejoneador heterodoxo que supo conjugar el espectáculo con las normas del arte del toreo a caballo. Auténtico revolucionario del rejoneo, con poco más de veinte años ya era una gran figura. Sus banderillas al violín y sus desplantes ponían al público en pie. Con su aparición, a partir de 1987, el rejoneo -que con Peralta dejó de ser “el número del caballito” para convertirse imprescindible en cualquier feria- empezó a recobrar fama por el interés que despertó su estilo, sobre todo en el público juvenil y la gran masa, mientras que puristas y presumidos arremetían contra él intentando poner en entredicho más su lidia que su monta, ésta de un valor indiscutible. Tal es el mérito y la gran aportación  al rejoneo de Cartagena, a quien se comparó con El Cordobés, Benítez, por su empeño en romper moldes y facilidad para conectar con la gente.

Cuando sólo contaba 27 años, una fría madrugada otoñal moría en un hospital madrileño tras ser atropellado por un camión en la carretera N-V Madrid-Badajoz. Dejaba esposa y dos hijos, uno de ellos, también de nombre Ginés, intentó seguir sus pasos en el rejoneo, aunque, de momento, sin demasiada fortuna. También dejó un sobrino, Andrés, que un año más tarde de su muerte ocupaba su puesto y tras debutar en Nimes, en un homenaje a su tío, en una de las tardes más importantes de su carrera, ya no dejó de estar en todas las ferias y plazas de importancia, siendo uno de los rejoneadores más destacados del último cuarto de siglo y logrando que el sello Cartagena siga siendo santo y seña en el toreo.

 

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