PACO DELGADO

Y de repente el bicho

jueves, 26 de marzo de 2020 · 08:00

Nadie lo esperaba. Al menos tal y como ha ocurrido y cómo se han desarrollado los hechos. Pero lo bien cierto es que la vida en España, en prácticamente todo el mundo, está en estado de alarma y con la mayoría de la población sin poder salir de casa.

Es como cuando vas en moto y llevas la visera del casco subida, disfrutando del sol y el paisaje y, de pronto, sientes un golpetazo tremendo en la cara. No has visto venir nada de frente pero el impacto ha sido tremendo y en no pocos casos está a punto de causar un accidente o hasta lo llega a provocar. Y ha sido un mosquito, que se ha estrellado contra la cara del motorista.

En esta ocasión no ha sido un mosquito. Ha sido el coronavirus, un tipo de virus que se descubrió a mitad del pasado siglo pero cuyo origen es todavía desconocido. Sus diferentes especies provocan distintas enfermedades, desde un simple resfriado hasta un síndrome respiratorio grave que puede incluso provocar la muerte. Y en esas estamos.

Encerrados en casa y con el miedo pegado a la camisa tras el desastroso y calamitoso seguimiento que nuestro no menos desastroso y calamitoso gobierno está haciendo de la crisis. Un desastre que va a tener unas consecuencias económicas terribles y llevará al cierre a miles de empresas y a la ruina a muchas más personas, sin que ello sea óbice para que diputados autonómicos se suban el sueldo sin rubor ni vergüenza alguna, ni nadie con mando en plaza decida que, en un momento tan delicado, sus estratosféricos sueldos se pongan al servicio de la nación. En eso están pensando...

Y a esto, claro, el toreo se halla totalmente paralizado. Tras la suspensión de las ferias de fallas y La Magdalena enseguida se aplazó la de abril de Sevilla, así como la práctica totalidad de festejos anunciados para marzo y abril. Y sigue sin saberse qué pasará con San Isidro...

Un parón que no se había producido en nuestro país desde la guerra civil -y sólo apenas un mes, tras el alzamiento del ejército rebelde, pues enseguida comenzaron a darse funciones en muchas plazas y casi todas denominadas patrióticas y a favor de la República y las tropas y asociaciones que la defendían...-, puesto que ni siquiera la llamada “gripe española” de 1918 -pandemia que causó la muerte de aproximadamente 50 millones de personas y que, curiosamente, no tuvo origen en España, pero el término se generalizó gracias a las informaciones del corresponsal en Madrid de The Times- logró que suspendiesen los festejos taurinos.

Pero ahora la cosa es distinta y las consecuencias se prevén gravísimas. Ciñéndonos sólo al sector taurino, las pérdidas ocasionadas por la suspensión de las ferias de Valencia y Castellón se estiman en 20 millones de euros y, según un estudio de Juanma Lamet, la tauromaquia pierde con esta crisis alrededor de 700 millones, que se dice pronto, aunque el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, se ha puesto en contacto con la Fundación de Toro de Lidia con el fin de infundir tranquilidad al sector tras la carta enviada por la junta directiva de la patronal empresarial taurina, Anoet, manifestando la gravedad de la situación generada.

Porque al margen de lo que se haya volatilizado al suspender tantas corridas, hay que pensar en lo que dejan de percibir tantos y tantos profesionales que no pueden ejercer su trabajo, ganaderos que no pueden vender sus productos y tantas y tantas empresas relacionadas directa o indirectamente con el toro, que ven como su trabajo de los últimos meses se pierde irremisiblemente. Y sin que se vean signos de una posible recuperación o recompensa.

Siempre se ha dicho que de una crisis se sale reforzado. No lo sé. Algunos sí, evidentemente, pero otros muchos lo han tenido más complicado y no creo que ahora vaya a cambiar la cosa. Si al menos se sacasen enseñanzas y se tomasen medidas para fortalecer una estructura demasiado enclenque, a lo mejor no todo se podría dar por perdido. Churchill, siempre Churchill, decía que los situaciones más graves no se resuelven hablando, sino actuando. Pues a ver si tomamos nota.

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