PACO DELGADO

La desunión lleva a la ruina

jueves, 18 de junio de 2020 · 09:28

Tras los paseos del pasado fin de semana ha quedado patente una cosa, bueno varias, pero la primera, y palmaria, es que hay afición a los toros. Mucha. Ya se ha visto.

Por que quien ha dado cuerpo, músculo y presencia a estas manifestaciones ha sido el aficionado, que ha vuelto a estar ahí, cuando se le necesita y cuando hace falta, acudiendo a defender su afición y el negocio de otros que luego muchas veces le maltratan y le hacen de menos, sin darse cuenta de que sin su concurso no hay nada que rascar.

Ahora, cuando el toreo ha recibido este puñetazo, que por inesperado y de tan precisa colocación lo ha dejado grogui, noqueado y aturdido casi hasta el final de la cuenta, ahí ha estado el aficionado, presto a echar no una sino las dos manos, apoyando, dando ánimo y buscando soluciones que no le son luego tenidas en cuenta.

Otra de las cosas que han quedado demostradas, por si no lo estaba ya hasta la saciedad, es la desunión existente en el mundo taurino. Cada uno hace la guerra por su cuenta, buscando el beneficio propio sin darse cuenta que aquí o se marcha en formación o se nos comen. Pero nada, cada cual va a lo suyo, no hay consignas que se sigan ni estrategias que se cumplan. Y esa desunión, este desbarajuste -que lleva directo a la derrota- ya se está viendo en el trato recibido por las autoridades y administraciones, cuyo cuerpo de mando está como loco por que la tauromaquia desaparezca de la faz de la tierra.

De nuevo, por las consecuencias y por la diferencia de trato, se hace dolorosa la distancia existente con el otro gran espectáculo de masas de este país, el fútbol. Que también se ha llevado otro gancho al hígado que le ha hecho besar la lona, pero aquí si hay un equipo detrás que no sólo le ha dado aire sino que le ha explicado claro cómo hacer para ganar finalmente el combate. Aquí sí hay un mando único, cuyas decisiones, consensuadas, mas o menos, son acatadas, y sin rechistar más de lo que pueda escuchar una pared, por todos. ¿Que hay que volver a jugar tal día? A jugar. ¿Que hay que hacerlo sin público? Sin gente. ¿Que habrá que hacerlo en verano? A sudar. Y eso ha sucedido en España, en Italia, en Inglaterra, en Alemania... pero hablamos, repito, de una organización sólida, estructurada y firmemente establecida bajo una premisa principal: todos hacen lo que dice la UEFA, la FIFA, la Liga o quien sea que tenga potestad en cada sitio.

Pero, ojo, esto sucede igual con el baloncesto -ya se está jugando también-, con el ciclismo -ya hay fechas paras grandes vueltas-, con las carreras de coches y motos, con el tenis... espectáculos deportivos que no tienen, ni por asomo, la grandeza, la brillantez, la sensibilidad de algo tan formidable como una corrida de toros. Pero poseen organización y una cadena de mando perfectamente engrasada y eficaz.

¿Eso es posible en el negocio taurino? ¿Tener un órgano único del que dependan matadores, banderilleros, empresarios, ganaderos, etcétera? ¿Que todos hagan lo que acuerde ese organismo? ¿Que todos cumplan lo que se decida? ¿Que no se rompa la baraja a las dos horas? Bueno, cuesta de creer, sí, pero pienso que mientras no exista lo que para muchos es pura entelequia, se está en manos del azar. Y este es voluble y mudable, ya se ha visto. Sin unión el camino hacia la derrota es cuesta abajo y sin obstáculos, máxime cuando hay tanto enemigo empujando.

Y menos mal que, repito, está el aficionado

 

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