PACO DELGADO

Manos a la obra

jueves, 25 de junio de 2020 · 10:01

Aunque parecía que nunca iba a llegar el día, finalmente y con el verano se acabó oficialmente el estado de alarma que nos ha tenido confinados durante tres interminables meses. Pero no con ello acaba la pesadilla. El riesgo permanece y la temporada continúa paralizada.

Aunque ya se percibe movimiento y hasta hay plazas que anuncian festejos para este mismo verano. Si de algo ha servido, espero, todo el desastre ocasionado por la pandemia coronavírica, será, ojalá, para que el mundo taurino tome conciencia de que hay que dotar a este negocio de una estructura sólida adecuada a los tiempos que corren.

Ha quedado patente que la afición está ahí. Que existe y, además de pasar por taquilla, sale a la calle y defiende su afición y el negocio de otros. Pero ya se sabe que se puede contar con ella. En realidad siempre se ha sabido por que siempre ha estado dispuesta y nunca ha fallado ni escurrido el bulto.

Ahora bien, al margen de que se debe tomar nota de estas muestras de fidelidad a ultranza, y no siempre dignamente correspondidas, el toreo debe ponerse las pilas y al día. Ya se ha dejado caer, por activa y por pasiva, la necesidad de un órgano que aglutine a todos los estamentos y categorías que integran la cosa taurina. Y a partir de ahí es preciso trazar un plan de viabilidad que dote a este espectáculo de una solidez estructural suficiente y potente que, por ejemplo, permita evitar, en la medida de lo posible, catástrofes como la que padecemos.

Al margen de esa unión, derivada de un organismo capitán cuyas decisiones sean acatadas por todos, es urgente que se aborde la actual situación de incorrección política que se asigna al espectáculo taurino. Y no debe bastar con aceptar las palabras del Ministro, que puede que no sean sino un quitarse unas pulgas para que no molesten hasta dentro de un tiempo, sino que hay que atajar de raíz el problema, exigiendo que sea tratado como algo legalmente establecido y con el tratamiento de patrimonio cultural. Aparte de otras muchas otras consideraciones. Pero que no se toleren desprecios ni descalificaciones ni se atente contra su integridad moral o sea despreciada públicamente, muchas veces por los propios representantes y gobernantes estatales o periféricos, lo que supone una muy mala imagen y mayor descrédito de cara a los contrarios.

Está muy bien que el Ministro de Cultura tranquilice al sector, pero hay que exigir, y conseguir, que esas intenciones se hagan realidad. Y eso se logra trabajando todos juntos, remando en la misma dirección y sin ambages. Pero si hasta existe una Asociación Taurina Parlamentaria, integrada por diputados y senadores, a los que hay que pedir que, además de conceder un premio, se esfuercen por que la fiesta nacional no sea vituperada, execrada y despreciada por otras fuerzas políticas cuyo ejemplo cunde y da fuerza y argumentos a los detractores, a la vez que asusta a patrocinadores y anunciantes.

Creo que esto es muy urgente y que, a quien corresponda, debería ponerse manos a la obra pero hoy mejor que mañana.

 

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