PACO DELGADO

Hace falta un plan

jueves, 9 de julio de 2020 · 07:00

De siempre se ha dicho que el toreo está tocado del ala. Buscas en los periódicos de hace 50, 100 años y ya se pronosticaba poco tiempo de vida para la tauromaquia. Y, pese a todo, aquí sigue. Tocada, eso sí. Pero viva.

Y es que resulta muy difícil que un espectáculo tan arraigado en nuestras costumbres y tradiciones, con tan gran calado popular, pueda desaparecer así como así.

Sin embargo, de repente, todo ha parecido venirse abajo. El puñetazo del coronavirus, que ha noqueado al mundo entero, ha dejado también grogui al mundo de los toros, que, desarbolado y desorientado vive los peores momentos de su ya centenaria existencia, sumido en una incertidumbre que puede ser peor y de mas graves consecuencias que el gancho al hígado que lo ha mandado a la lona.

Pero en el caso que nos ocupa -y preocupa, como diría el gran García- hay que tener en cuenta que se tiene un factor a favor que puede ser decisivo: el aficionado. La gente, pese a lo que digan y pregonen los contrarios, lleva muy dentro su gusto por la cosa taurina y se ha visto estos días, cuando se ha pedido, o se ha hecho de manera espontánea, que se tirase a la calle ha pedir respeto, ahí ha estado, dando la cara. Y cuando se han anunciado los primeros festejos, aunque sean de promoción y organizados por las escuelas, han acudido en gran número. Y se han apuntado a los muchos inventos que estos días han proliferado en la red. La gente quiere toros. Eso está claro.

Contando con esa inestimable base, son ahora los responsables del negocio los que deben poner en marcha un plan que no solamente saque a flote la nave, sino que la encauce y pertreche para una nueva, larga y segura singladura.

Para ello habría que establecer un plan basado en cuatro puntos clave. Lo primero, e indispensable, es que todo el mundo trabaje a favor y en la misma dirección. Tiene que haber un órgano rector único del que dependan todos los implicados y apoyen sin fisuras.

A partir de ahí se debe trabajar para lograr que los estamentos políticos, tanto centrales como periféricos, cesen en sus ataques contra una actividad legalmente establecida y que reporta tantos beneficios a las arcas públicas. Lo contrario no tiene sentido y es algo que sólo sucede en España y me parece vergonzoso.

En tercer lugar hay que tratar de volver a poner a favor a los medios de comunicación, que ahora dan descaradamente la espalda a los toros. Puede que solucionando el punto dos el tres se arregle solo, o más fácilmente, pero si no, todo tiene un precio. Y habrá que pagarlo si se quiere remontar.

Y, cuarto, es urgente -vital- poner el negocio en manos de una gran empresa de publicidad y marketing que sepa vender un producto único y extraordinario y hacer que afloren anunciantes y patrocinadores. No se puede vivir sólo de ayudas del propio sector; hay que enterrar ya la figura del ponedor y la mentalidad que lo procura.

Los tiempos han cambiado, y mucho. Lo que hace un siglo era efectivo, ahora es obsoleto.Hay que adaptarse a los tiempos y eso debe hacer el toreo si quiere seguir siendo un espectáculo de masas y tener vigencia mas allá de los propios interesados.

Claro que todo esto cuesta trabajo y dinero, pero si queremos peces hay que meterse en el río.

 

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