VIENTO DE LEVANTE

330 años

jueves, 4 de febrero de 2021 · 07:00

Dos de las mas importantes plazas de toros del mundo han cumplido años estos días. Acho, que llega, nada menos, a su 255 aniversario, que se dice pronto, y la Monumental de Méjico, que celebra 75 años de historia. Dos efemérides que dejan bien clara la importancia y trascendencia del espectáculo taurino.

Es Perú tierra de larga tradición taurina y cuentan las crónicas que la primera corrida de toros habida en Lima data de 1538. También hay noticia escrita y documentada del festejo celebrado en marzo de 1540 en la Plaza Mayor de la capital peruana, en el que Francisco Pizarro, fundador de la ciudad, alanceó a un toro. Y que la primera temporada regular fue la de 1559, determinándose fechas y fiestas para la celebración de las corridas.

Pero sería en el siglo XVIII cuando el nombre de Lima se abre paso en la gran historia de la tauromaquia. Y lo hizo con la inauguración, el 30 de enero de 1766, del coso ubicado en el arrabal de Rimac, en el Cerro de San Cristóbal, y que se llamó Acho, por estar situado en alto y servir de otero, siendo una de las tres más antiguas del mundo que siguen en pie,  superada solo en antigüedad por la de Béjar, de 1667, y la de Zaragoza, construida en 1764.

Esta de Acho -en su día la de ruedo más grande nunca existente: 90 metros de diámetro- se estrenó el 30 de enero de 1766 con una corrida en la que los diestros Pizi, Gallipavo y Maestro de España, los tres peruanos, lidiaron hasta ¡16! reses de la vacada Gómez de Cañete, propiedad de Landáburu y Ribera, siendo el primer toro que saltó al ruedo un ejemplar cuyo nombre era “Albañil blanco”.

Más tarde sufrió reformas y remodelaciones varias pero nunca perdió su consideración de la más importate de las 56 plazas de toros que existen en el país andino. Ni, por supuesto, de ser, junto a la feria que acoge, la del Señor de los Milagros, una de las principales de la agenda taurina, pese a que tampoco ahora pase por sus mejores momentos, debido, claro, al coronavirus, pero también a la odiosa tendencia moderna de querer prohibir todo aquello que no nos gusta o nos hace sumar puntos de cara a sacar provecho en materia política. Asquito.

Mucho mas moderna es la Monumental de la capital mejicana, inaugurada el 5 de febrero de 1946, con toros de San Mateo, siendo los protagonistas de aquel primer festejo en este impresionante coliseo dos toreros locales, Luis Castro “El Soldado” y Luis Procuna, y un español, la gran figura de entonces a ambos lados del Atlántico, Manuel Rodríguez “Manolete”.

A pesar de la puntualidad del inicio de las corridas de toros y dadas las condiciones de la inauguración, el festejo comenzó con diez minutos de retraso. La mayor parte de los aficionados no encontraban la plaza y luego tampoco su localidad, dadas las enormes dimensiones de los tendidos de la misma.

El primer toro que pisó su ruedo fue “Jardinero”, herrado con el número 33, cárdeno oscuro caribello y El Soldado fue el encargado de su lidia y muerte, sin que pasase nada destacable.

Manolete, vestido de tabaco y oro, paseó la  primera oreja concedida en esta inmensa plaza, tras la faena que firmó al toro “Fresnillo”, negro, número 14, con el que desató la locura, poniendo así la primera piedra para ser tenido como “consentido”, el primero de los españoles que tuvieron esta consideración, lista que cierra Enrique Ponce -cuya trayectoria también se enmarca en la historia de Insurgentes- y en la que aparecen con mayúsculas Paco Camino, Niño de la Capea y El Juli, quien hizo su rodaje en plazas mejicanas antes de tomar la alternativa.

Tres cuartos de siglo más tarde, la imponente mole del Paseo de Insurgentes sigue siendo, al margen de la de mayor capacidad del mundo, una de las más importantes y decisivas del planeta taurino, si bien la pandemia, como sucede con Acho mantiene sus puertas cerradas y sus cincuenta mil localidades ocupadas sólo por el viento.

 

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