VIENTO DE LEVANTE

Crossroads

jueves, 29 de abril de 2021 · 06:12

Qué duda cabe que el mundo taurino, y el mundo en su totalidad, pasa por un momento tan delicado como crucial y el futuro va a depender de cómo se gestione la situación actual.

Cuenta la leyenda que un músico principiante se fue de casa en busca de gloria y fortuna, pero con sus pobres condiciones artísticas no terminaba de alcanzar ni gloria ni, menos, fortuna. Así que una noche, en un cruce de caminos, no sabía qué hacer, si seguir adelante con sus sueño o volver derrotado a casa. Y en ese dilema estaba cuando se le apareció el demonio, que le propuso convertirle en una estrella a cambio de su alma. Poco tiempo después era un artista reconocido y sus dedos, dicen, se  movían como una araña por el mástil de su guitarra.

Aquel músico era Robert Johnson y su influencia fue decisiva en el desarrollo, evolución y auge de toda la música que vino después y Crossroads, la canción que cuenta su historia, ha servido de inspiración a cientos de músicos que le veneran y homenajean y recuerdan que siempre hay que tirar para adelante.

Anda el mundo de los toros en una encrucijada que se antoja clave para el futuro y no termina de tomar decisión alguna, si bien, a lo que se ve, aturdido y paralizado por la crisis desatada con la pandemia, su mayor aspiración es que todo vuelva a ser como antes.

Pero ese como antes no es, precisamente, la panacea ni el remedio infalible para sortear una de las situaciones más difíciles y complicadas  que ha vivido el negocio taurino en su ya muy larga historia. Ese antes significa volver a un estancamiento que, en buena parte, ha propiciado el que no se haya podido evitar  el desastre o, al menos, amortiguar su demoledor efecto.

La cosa taurina sigue funcionando con los parámetros, modos y maneras que lo hacía no ya en el siglo pasado, sino antes, lo que ya es decir en cuanto a obsolescencia. El futuro hace tiempo que llegó, pero no a este sector, anclado en el tiempo... pasado.

Y ante lo tan especial de la situación que se padece, es preciso no ya un movimiento impulsor, sino una serie de cambios y renovación en sus estructuras y remodelación de sus postulados en cuanto a organización y funcionamiento, si se quiere retornar a tener una expectativa de continuidad.

Son muchos los puntos por los que el agua hunde a esta nave, sólida en su día pero sin mantenimiento ni adaptación a los nuevos tiempos, y son muchos los enemigos que han surgido y que, bien por dejadez, bien por soberbia o bien por incapacidad, no se han sabido atajar.

Es mucho y grave el daño sufrido, pero la fuerza, el tirón y arraigo de esta tradición -sobre la que se asienta el espectáculo, no hay que olvidar este dato, fundamental- permiten creer que hay todavía margen de maniobra para que este negocio -que genera cientos de miles de puestos de trabajo, genera riqueza, etcétera, tampoco se olvide- pueda reflotarse.

Hay que mirarse en el espejo del fútbol, aunque la última ocurrencia de Florentino haya sido una verdadera chapuza, que se reinventa a cada poco, buscando no perder clientela ni tirón, consciente de que el sector del entretenimiento copa gran parte del mercado y para eso debe apoyarse en los medios de comunicación y en una red de financiación que no puede limitarse a la taquilla. Y estamos hablando de un espectáculo tan aburrido como el balompié... imaginen lo que puede dar de sí algo tan brillante y emocionante como la tauromaquia, en la que todo es, o debería serlo, de verdad.

Se está ante un momento clave, ante una encrucijada decisiva. Si se elige la ruta equivocada, puede que no haya punto de retorno. Johnson no lo dudó y dio todo lo que tenía por lograr su propósito ¿Estamos dispuestos para hacer lo mismo?

 

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