VIENTO DE LEVANTE

Corazón de león

jueves, 13 de enero de 2022 · 05:32

No comienza muy bien el nuevo año. La primera noticia de gran impacto fue la de un desastre, aunque la muerte nos venga impuesta desde que llegamos a este mundo no conseguimos hacernos a la idea de que todo se acaba.

Y  hace unos días se acabó la vida de uno de los grandes nombres de la tauromaquia de la segunda mitad del siglo XX: Jaime Ostos. Un infarto se lo llevó en Bogotá mientras dormía cuando le faltaban unas semanas para cumplir 91 años.

Miembro de una acomodada familia de agricultores, al entrar en contacto con el mundo de los toros desapareció de repente su interés por los libros y los estudios, fijándose como principal objetivo vital el ser torero, lo que acabó logrando y siendo uno de los grandes de su tiempo, consideración que tuvo ya desde que, en Zaragoza, el 13 de octubre de 1956, Miguel Báez “Litri” le hiciese matador de toros en presencia de Antonio Ordóñez.

Su mucho valor y no mala técnica le permitieron codearse con los mejores y estar desde el principio de su carrera en las principales ferias y plazas.

Encabezó en 1959 el escalafón de matadores y la de 1962 fue la temporada que más toreó, 79 festejos, logrando entre su alternativa y el final de la década de los sesenta numerosos triunfos en plazas como La Maestranza o Las Ventas, por no hacer larga la lista.  

Pero también fue muy castigado por los toros, recibiendo 25 cornadas, siendo la más grave la que sufriera el 17 de julio de 1963 en el coso zaragozano de Tarazona de Aragón -cuando el toro “Nevado”, de Matías Ramos, le rompió la vena ilíaca del muslo derecho- y que le tuvo tan al borde de la muerte que hasta recibió la extremaunción. Pero estaba agarrado a la vida, Y además, hubo quien le echó una mano: “Allí hubo un ángel salvador, Ángel Peralta, que animó a muchos aficionados a donarme su sangre. Me salvaron la vida a jeringazos. Yo llegué arriba, pero un señor con una gran barba blanca, San Pedro, me preguntó que cómo me llamaba y me mandó para abajo. No había sangre, ni siquiera veía y los médicos estaban firmando el acta de defunción, pero Ángel Peralta buscó a 300 tíos que se pusieron en cola para darme su sangre”, recordaba el propio Ostos, que tras recuperarse de aquel tan grave percance protagonizó la película Valiente, dirigida por Luis Marquina.

Su agitada vida sentimental y social, ya alejado de los ruedos, le hizo tener una importante presencia en programas televisivos de dudoso prestigio y medios de la mal llamada prensa rosa, lo que distorsionó bastante su imagen como torero para las generaciones más jóvenes y que no alcanzaron a verle vestido de luces y, mucho más, para los no aficionados y los que ni ven ni leen otra cosa que ese tipo de contenidos. Pero hay que recordar que en 1978 fundó la Asociación de Matadores de Toros, Novilleros y Rejoneadores, de la que fue presidente; y organizó y participó en muchos festivales benéficos, por lo que le fue impuesta, en el ruedo de la Maestranza de Sevilla durante la Feria de San Miguel de 1967,  la Cruz de la Orden Civil de la Beneficencia. Fue también impulsor de la de la Escuela Taurina de Guadalajara, de la que durante el curso de 2005 fue director; y promotor de la edificación de vivienda social, lo que permitió tener techo a miles de personas sin recursos. Y un buen día, en una corrida televisada desde Marbella, le cantó las cuarenta al taquígrafo de Franco y máximo responsable del tema taurino en la televisión de entonces, denunciando trinques, untes, sobres y mordidas.

No fueron fáciles sus últimos años, pero sobrevivió a una infección por coronavirus. Previamente, en 2019, sufrió un edema pulmonar y en 2020 fue ingresado en un hospital madrileño por una grave lesión de espalda. Todo lo había superado.

Se le conocía como “El León de Écija" y el también recientemente fallecido Juan Manuel Albendea “Gonzalo Argote” le bautizó como “Jaime Corazón de León”. Un corazón que latió mucho y con no poca fuerza pero que acabó  agotado. Descanse en paz.

 

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