VIENTO DE LEVANTE

La voz de los ruedos

jueves, 30 de noviembre de 2023 · 09:03

Hace unos días se cumplió el aniversario del nacimiento de uno de los grandes de la información taurina, hoy un tanto olvidado y arrinconado, siendo como fue primerísima figura y maestro de varios maestros posteriores. Aparte de una persona cultísima y de gran sentido del humor. Hablo de Curro Meloja.

Como tantas veces ocurre, es casi ley de vida, unos cardan la lana y otros llevan la fama. Su labor como revistero, como a primeros del siglo XX se llamaba a los que escribían en un periódico -y en Francia se sigue haciendo con los que lo hacen de toros- fue extensa en el tiempo y de no poco calado.

Carlos de Larra y Gullón (Madrid, 16 de noviembre de 1889 - 9 de diciembre de 1962) fue biznieto de, nada menos, Mariano José de Larra, el pobrecito hablador, e hijo de Luis de Larra y Ossorio, autor y actor teatral, por lo que no es de extrañar que siendo todavía un adolescente comenzase a colaborar en El Heraldo, periódico entonces de no poco predicamento e influencia, en el que ejercía las labores de crítico taurino Ángel Caamaño “El Barquero”. Al inaugurarse la plaza de Vista Alegre fue encargado de cubrir los festejos que se daban en Carabanchel el joven Larra, que adoptó el alias de Curro Meloja del personaje de un sainete de los hermanos Álvarez Quintero, La mala sombra, y que utilizó ya hasta su muerte. Hay que aclarar, al hablar de Curro Meloja, que en la copla que le alude Lola Flores (Ay Currillo, Currillo Meloja/ quien será la gachí que te coja. / Por la gloria del padre Cotón/ que si a mí no me diera la gana/ me hacía yo paisana/ del rey Salomón) no se refiere a Carlos de Larra, sino al personaje de la bulería de Tenorio y  Monreal que hiciese célebre Sabicas.

Durante varios años cumplió con su tarea de informar y dar cuenta de lo que pasaba en aquel coso que él bautizó como “La alegre Chata”, hasta que un día en el que allí se daba una novillada sin caballos prefirió ir a ver a Pastor, El?Gallo y Gaona a la plaza de la carretera de Aragón, por lo que al día siguiente fue despedido.

Tras su tan poco airosa salida de El Heraldo anduvo de redacción en redacción hasta que fundó el semanario taurino Los Domingos.

Al acabar la guerra civil fue jefe de la sección taurina de Radio Madrid, donde dirigió el mítico programa Tauromaquia que fundó en 1942 y que dirigió hasta su muerte, siendo sucedido por Rafael Campos de España. 

Además de escribir de toros, dejó para la historia su impagable Álbum biográfico taurino, una extraordinaria colección de 106 fotografías y grabados de toreros de los siglos XIX y XX, acompañadas al dorso de su biografía, anécdotas y opiniones del autor (parte de las cuales heredé de mi abuelo: mi abuela, como luego mi madre y ahora mi mujer, era ya una experta en archivar en la basura lo que a ella no le interesaba), fue autor de una veintena de obras teatrales y ganó por oposición el cargo de taquígrafo de las Cortes, puesto que ocupó hasta su jubilación en 1958 y por el que fue condecorado con la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo. También ganó un premio Ondas por su labor como informador taurino, influyendo en la formación de gente como García Ramos, Campos de España o su sobrino, Manuel Lozano Sevilla, taquígrafo de Franco y muchos años al frente de las retransmisiones taurinas de Televisión Española hasta que Jaime Ostos lo despachó. Pero esa es otra historia.

Cuenta el profesor Pizarroso que Ricardo García “K-Hito”, creador y director de Dígame, tuvo siempre a Curro Meloja como su gran referencia: “Esperaba siempre Tauromaquia porque me placía la ponderación de Curro Meloja, su riguroso sometimiento a la verdad y sus conocimientos de la materia tauromáquica. Siempre me produjo la más excelente de las impresiones. Cuando, ausente de Madrid, no había asistido a una corrida, la información de Curro Meloja era la que me sacaba de dudas... Lo tuve siempre como crítico insobornable y veraz”.

Hoy son pocos los que se acuerdan de él y hay que reivindicar su obra y su figura. Él fue, tras Salvador Rapallo “Taleguilla”, el primero que dio voz a los ruedos.