VIENTO DE LEVANTE

Otra vez de parto

jueves, 11 de enero de 2024 · 07:51

No hubo que esperar siquiera a que terminasen las fiestas, esa especie de tregua que nos damos para aparcar nuestras peleas y enfrentamientos -al menos los más livianos y llevaderos- y ya tenemos servido el primer disgusto de este año que no ha hecho sino empezar. Menudo comienzo…

No hace nada que llegó a ocupar el Ministerio de Cultura -demasiado grande, demasiado importante y demasiado exigente para un currículum tan huero en gestión cultural y una mentalidad parcial, partidista y unilateral que no parece encajar con esta responsabilidad- y ya desde el primer instante hubo recelo y desconfianza hacia el titular de esta cartera.

Sin embargo hubo un rayo de esperanza cuando dimitió el director general de Derechos de Animales y dirigente de Podemos, Sergio García Torres, contrariado y descontento con las líneas maestras que trazó su jefe con respecto a la tauromaquia, al recomendar que en ese aspecto “no se hiciese ruido” en esta legislatura. Una sugerencia que le sentó fatal y el que se le impidiese entrar a saco en desmantelar una de las más arraigadas tradiciones y señas de de identidad de este país que también es el suyo, mal que le pese, le hizo presentar no sólo su dimisión sino así mismo su baja en el partido. 

Claro que también dedicó críticas a Sumar,  sentenciando que no asume la "ausencia de metas y objetivos". Metas y objetivos que tenía entre ceja y ceja y que no eran otros que acabar con la tauromaquia en todas sus manifestaciones. Bueno, eso ya se sabía.

Pero, ay, la dicha dura menos que un relámpago y, diversas asociaciones y movimientos animalistas y pseudoecolgistas han conseguido que ya tengamos encima una nueva nube zaina que amenaza con amargarnos una buena temporada: Anima Naturalis y otras entidades afines  presentaron en el Congreso de los Diputados una Iniciativa Legislativa Popular para derogar la Ley de Patrimonio Cultural de la Tauromaquia. Ya estamos otra vez de parto.

Vuelta empezar. Vuelta a clamar al cielo sin que nos oiga. Manifestaciones, acciones en contra, movilizaciones y un largo etcétera que llevan más esfuerzo que recompensa. Ya sucedió con Cataluña y aunque al final prevalecieron la Ley y la razón, lo bien cierto es que la hierba segada allí nunca más creció, aunque se trate de un caso distinto pero aleccionador.

Qué duda cabe que se trata de un movimiento desestabilizador y que busca, una vez más, la división. Las dos Españas se van perfilando cada vez más y prohibir los toros, que es el fin último de todos estos colectivos como se dice ahora, es uno de los objetivos principales de esta nueva clase dirigente que sólo mira por los suyos y que tira de ideología antes que de gestión.

Ya se ha dicho, y repetido hasta la saciedad, que la tauromaquia está legalmente establecida y protegida, por lo que no caben acciones en su contra. Y que la abolición de este espectáculo supondría un extraordinario quebranto económico -es el segundo espectáculo de masas en España, sólo por detrás del fútbol y una de las actividades artísticas que más aporta a las arcas del Estado-, por no hablar del desastre ecológico que supondría su desaparición, que implica, paradójicamente y sin que sus  promotores ni lo vean ni se hayan parado a pensar en ello, la extinción de un animal único en el mundo y del ecosistema en el que habita, igualmente exclusivo y singular. 

Pero hay que recordar, para no perder el optimismo ni la esperanza, que todo esto es algo que no lograron ni Reyes ni Papas y que ha sido el pueblo quien ha conseguido mantener estos festejos desde hace siglos.

Aunque, como decía Vicente Barrera en su papel de segunda autoridad de la Comunidad Valenciana y responsable de su área cultural, a la hora de defender la tauromaquia hay que utilizar dos argumentos principales: libertad y respeto. A partir de estos dos conceptos se desmontan aquellas falacias y cortapisas.