VIENTO DE LEVANTE

Casi un palíndromo

jueves, 15 de febrero de 2024 · 08:55

Es, desde luego, uno de los grandes atractivos de la inminente feria de fallas y el gesto, gesta, de Román anunciándose como único espada en la primera corrida del serial valenciano no deja indiferente a nadie. De momento ya comienza ganando esta apuesta.

Un reto nada fácil por si nadie se dio cuenta. Nunca es sencillo lidiar seis toros de una tacada y quien lo ha llevado a cabo, por lo general, ha visto recompensado el esfuerzo. Es, además, una cita que marca un hito, que, pase lo que pase, queda ya para la historia: jamás nadie antes había hecho tal cosa en el ciclo fallero desde que en 1929 se comenzase a celebrar como tal y no como festejos aislados, uno o dos como mucho, que se daban en torno a la festividad de San José. Enrique Ponce lo hizo un par de años en la feria de la Comunidad Valenciana, en octubre, Vicente Barrera quiso realzar su décimo aniversario de alternativa haciendo lo propio en la feria de julio; Sebastián Rodríguez acometió tal empresa en agosto de 1989... antes, en 1964, Jaime Ostos hizo el paseíllo sólo con su cuadrilla, y en 1969 Dámaso González despachó 6 novillos la víspera de su alternativa, llevándose un esportón de orejas y otras tantas volteretas. Y el respeto y admiración de todos.

Y antes aún, en la temporada de 1859, cuando se inauguró oficialmente el coso de Monleón, José Antonio Suárez lidió como único espada las 9 novilladas que se dieron aquel año.  En 1897 lo hizo Enrique Vargas “Minuto” y en los dos años siguientes el protagonista de tal hazaña fue Paco Fabrilo. Al comenzar el siglo XX lo llevó a cabo José Pascual Olmos “Valenciano”, que se anunció en solitario en 1900 y 1903 (ya lo había hecho antes también en 1895);  en 1902, hay que apuntar el logro a Antonio Fuentes y durante tres años seguidos, de 1913 a 1915, Gallito lidió seis toros él solo, siempre a final de temporada.

Ahora es Román quien echa la pata p’alante y se marca un objetivo de no poca envergadura. Él mismo lo reconoce y el día que presentó en sociedad su empeño declaró que es un reto muy fuerte, pero que “en la vida hay que hacer apuestas”. Una apuesta casi a doble o nada, como también el propio torero asume y que marcará un antes y un después en su carrera. Un envite el que afronta que no tiene pronóstico.?Puede pasar de todo y cualquier resultado entra dentro de lo posible. A favor tiene su carisma, su potente conexión popular, su cercanía con la gente y la simpatía que despierta allá por donde va y donde esté. Hasta un ciego, cuenta, lo reconoció por la voz en un semáforo en Madrid.

Es asiduo y habitual en las redes sociales, donde tiene miles de seguidores y, que yo sepa, no se le conocen hatters. Otro punto en su haber, pues el público más joven conecta enseguida con él y se demostró de nuevo ese día de la presentación valenciana de su día D, cuando fueron muchos más los chavales de su quinta, y más jóvenes todavía, que los habituales a los tendidos del coso de Monleón.

Nadie que le haya tratado puede hablar mal de él como persona y menos como personaje. Puede que se despiste, que vaya a su bola más de lo aconsejable, que no haga caso de consejos y advertencias bienintencionadas y que no proyecte el perfil que los taurinos piden a un profesional al uso. Él tiene otro corte, no sigue el patrón convencional y, a lo mejor sin pretenderlo ni buscarlo, parece más un yuppi desastrado que un torero. Vive al día y, como los galos de la aldea que siempre resistió a los romanos, sólo teme que el cielo le caiga sobre su cabeza y eso no va a suceder mañana. Pero es feliz y no le preocupa mucho lo de las etiquetas ni estereotipos. Ni mucho menos el qué dirán. Luego, frente al toro, nadie puede decir que se esconda. Ha dado la cara siempre y se la han partido muy a menudo, estando más allá que aquí tras aquella tremenda cornada de Madrid. Baja la mano como pocos, lleva a sus oponentes muy lejos, se los pasa muy cerca y,  aunque no haya terminado de coger el tranquillo al estoque, en esta última década ha conseguido estar en primera línea.

Dice que quiere devolver a la gente, a sus amigos que siempre le han apoyado, a la afición valenciana, lo mucho que le han dado desde que no sólo se hizo matador, sino desde que se matriculó en la escuela taurina de Valencia. Un cariño correspondido y que como el más célebre y famoso de los palíndromos se puede, casi, leer igual de adelante hacia atrás y al revés. Esto es amor a Roma (n).