VIENTO DE LEVANTE

A la llum de les fogueres

jueves, 4 de julio de 2024 · 09:15

 

La primera gran feria del verano, la de Hogueras de Alicante, deja notas muy positivas y esperanzadoras, tanto  en lo que a recuperación del serial se refiere, asistencia de público, nivel de presentación del ganado, etcétera, como al margen de mejora que ofrece.

Ya se ha publicado que por el coso de la Plaza de España de Alicante pasó mucha gente para presenciar los festejos de la pasada edición de las corridas de San Juan. Una cifra, más de 50.000 espectadores, que, a la vista de las entradas de cada día, deja clara una cosa: la gente acude al reclamo de grandes atractivos y ofertas jugosas. Aunque, por otra parte, también es significativo, y gratificante, que hubiese una más que aceptable concurrencia para presenciar las novilladas. Y con mucha juventud en los tendidos, lo que también da pie a la ilusión de futuro.

En el ruedo, y al margen de orejas, premios y trofeos, no siempre objetivos ni ecuánimes -parece que hubo presidente que dijo que concedía orejas para diversión del respetable...-, las hogueras iluminaron y dieron un brillo especial y majestuoso a dos toreros. En la primera corrida del serial se vio a un Daniel Luque en sazón, maduro y poderoso. Muy firme y encajado, sin concesiones ni frivolidades. Pero arrollando. Con valor seco, sin alharacas, aspavientos ni artisteo impostado. Natural, sobrio... y eficaz. De lo mejor que pasó por Alicante este año.

Tres años después de haber actuado en Alicante por última vez, un par de días antes de que decidiese, de golpe y porrazo, anunciar su retirada por tiempo indefinido, Enrique Ponce volvió a torear en esta plaza, dejando ver una vez más y recalcando su arrolladora ciencia lidiadora. Pero también su honradez profesional, dándolo todo y sudando la gota gorda para sacar partido, y agradar a quien acudió a verle, de un lote cuya poca fuerza y menos gracia condicionó de manera notable su lidia.  No se conformó con quedar bien simplemente y hasta se hincó de rodillas para amarrar la última puerta grande alicantina. Sigue siendo un ejemplo.

Con el de Chiva salieron a hombros, gracias a la benevolencia presidencial, David Galván, muy distinto al que se vio en Madrid, más preocupado de las formas que del fondo, y un esforzado y valiente Tomás Rufo. Como valiente estuvo la terna que se midió a los toros de Victorino en el cierre ferial. Rafaelillo, el menos agraciado en el sorteo, Manuel Escribano, que cumplió de sobra, y Borja Jiménez, que pasó con nota su presentación en Alicante, no se escondieron en ningún momento.

La corrida estrella del ciclo, el mano a mano entre Manzanares y Roca Rey fue decepcionante, en parte por la poca presencia y juego del ganado, en parte por que tampoco los de coleta estuvieron especialmente acertados, si bien el peruano tiró de raza y casta que no fueron suficientes para salvar la tarde. Tampoco los veteranos Castella y, menos, Talavante, dieron la talla, limitándose el francés al arrimón y ni eso el extremeño.

Marco Pérez dejó ver su facilidad, sapiencia y suficiencia, en tanto que Kevin Alcolado, a pesar de torear mucho menos, evidenció maneras, valor y garra que deberían servir para ser más tenido en cuenta, en tanto que los rejoneadores, Cartagena, Ventura y el pequeño de los Hermoso de Mendoza, entusiasmaron a los amantes del toreo a caballo.

Del ganado hubo tres hierros muy por encima del resto. Fuente Ymbro soltó una novillada acometedora y emocionante; Zacarías Moreno debutó con una corrida exigente y varios toros muy potables y Victorino Martín trajo un encierro con presencia y seriedad que tuvo emoción y posibilidades. 

Por otra parte es susceptible de mejora el criterio del palco, hoy blanco, mañana negro, y, por supuesto, la puntualidad de los espectadores, gran parte de los cuales esperan a que falte un minuto para la hora oficial de comienzo del festejo para enfilar el acceso a su localidad, como si pensasen que son los únicos que asisten a la función, provocando atascos, molestias e incomodidades innecesarias al resto de asistentes que han sido puntuales y previsores y retrasos injustificados en el inicio de los festejos.