VIENTO DE LEVANTE

Pliegos de cordel

jueves, 26 de febrero de 2026 · 08:19

El caso del actual proceso de arrendamiento de la plaza de toros de Zaragoza viene a demostrarlo. Hubo llanto y crujir de dientes general cuando se publicaron las bases por las que debería regirse el concurso. Se rasgaron vestiduras y se oyeron incesantes ayes de dolor. Hasta Nautalia lo denunció por sus condiciones “contrarias a Derecho" y cláusulas que, a su juicio, podrían vulnerar y distorsionar la libre competencia y tener que definir ya en el mes de febrero la fecha exacta en la que los  diestros contratados tendrían que actuar en el coso de La Misericordia.

ANOET lo calificó de “inaceptable”, considerando que el pliego de condiciones limitaba la libertad empresarial al tiempo que condicionaba la gestión de la temporada al exigir la publicación anticipada de los carteles y exigía a los posibles aspirantes adjuntar por parte de los diestros que se anunciarían cartas de compromiso firmadas al respecto. 

La patronal empresarial llegó a emitir un comunicado en el que advertía que determinadas cláusulas podrían derivar en la rescisión del contrato al “hipotecar a la empresa durante toda la temporada”, llegando incluso a perjudicar los derechos de los espectadores y se pidió  a la propiedad de la plaza, la Diputación de Zaragoza, que  replantease el pliego y adoptase fórmulas que, según el órgano de representación del empresariado taurino, beneficiasen realmente a la tauromaquia y “preservasen el futuro de la plaza”.

El presidente de la corporación, a su vez, aguantó el órdago y, haciendo honor a su condición de baturro, dijo que no cambiaba ni una coma. Pita, pita, que como no te apartes tú... Y, efectivamente, dejando el corporativismo para otros y demostrando que en el taurineo todo Dios va por libre y nadie sigue directrices ni líneas generales, dos empresas hicieron de su capa un sayo y presentaron sus ofertas. 

No es la primera vez que ocurre, ni, desgraciadamente, será la última. Todos se tiran de los pelos cuando se publican las condiciones para concursar por la gestión de una plaza

-sobre todo si son de propiedad pública- y luego cobarde el que no corra. Hace unos días, para llevar la plaza de Algeciras, se pedía un canon tal  y se acabó ofreciendo el triple... En Valencia, en la última concesión, se rebajó también la cantidad de dinero a tributar a la Diputación por la explotación del coso de Monleón y se ofertó el doble. Es reciente también la campaña de proclamas y aviso de grandes males y desgracias que caerían sobre quien osase pugnar por Las Ventas y fue quien predicaba el que primero mandó su carta. O sea.

A finales del siglo XV -nunca se agradecerá bastante a Gutemberg su invento- comenzaron a imprimirse los pliegos de cordel o pliegos de ciego, en los que se transcribían las historias que hasta entonces se transmitían de viva voz y de pueblo en pueblo. Eran expuestos colgados en fila en unos cordeles y cada cuál se llevaba el que más le gustaba. Ya que Diputaciones o Ayuntamientos, que son quienes controlan la mayoría de las plazas importantes que funcionan en España, no se atreven a gestionarlas directamente, lo que sería el sistema ideal, y así se ha demostrado durante mucho tiempo en Bilbao o Pamplona o Francia -plan que tampoco les viene nada bien a los empresarios del ramo-, se deberían redactar varios modelos de aquellos pliegos  para que cada cual elija el que mejor se acomode a su gusto, y bolsillo, y no haya que, a cada poco, tener que presenciar estas tan lamentables trapisondas.