JORGE ARTURO DÍAZ REYES

La tríada triste

Cuidado. Si bien es cierto que el paciente de quien hablamos merece por esa sola condición todos los esfuerzos y prudencia en su tratamiento, debe agregarse su rango de artista único, patrimonio de la tauromaquia
martes, 26 de marzo de 2019 17:00
martes, 26 de marzo de 2019 17:00

Así la llaman los traumatólogos en Colombia. Ruptura de ligamento cruzado, ligamento lateral y meniscos. Tres desgracias en una. Pero si, encima, concurre fractura del platillo articular tibial, como sucedió en la rodilla izquierda de Enrique Ponce, lo triste se vuelve catastrófico, para repetir el calificativo del cirujano. También lo soy, aunque no de dicha especialidad y le doy entero crédito.

Además, quisiera poder compartir su optimismo: “quedará perfecto… en dos meses podría encontrarse magnífico y a lo mejor podría torear bajo su responsabilidad… Enrique ya me ha sorprendido en otras ocasiones”.

Quizás una de esas sorpresas haya sido la de su apresurada reaparición el 9 y 10 de enero en Manizales (cogido y dolido), apenas trece días después de haber cancelado su compromiso del 27 de diciembre en Cali, con un parte médico de “ruptura de ligamento cruzado anterior” en la misma articulación, para luego retomar las temporadas americana y europea.

¿Cómo se permitió torear así, bajo su responsabilidad? ¿De haber sido exacto aquel diagnóstico, hasta donde pudo condicionar la catástrofe de Valencia, que por fortuna no fue más grave, hasta mortal digámoslo? Son preguntas que saltan solas.

Esta última cogida fue presenciada por “El Soro”, cuyo viacrucis, que truncó su carrera y le ha dejado baldado, hemos seguido todos con pena. Más de 25 años y 35 intervenciones quirúrgicas, entre ellas la “implantación de una pierna biónica”, todo nacido de una lesión similar, también de la rodilla izquierda.

Cuidado. Si bien es cierto que el paciente de quien hablamos merece por esa sola condición todos los esfuerzos y prudencia en su tratamiento, debe agregarse su rango de artista único, patrimonio de la tauromaquia. Un arte a muerte, que requiere la integridad física del ejecutante y sobre todo la estabilidad y la confianza plena en sus extremidades.

En estos casos, lo ha señalado el Dr. Villamor, la edad (47 años) es un factor mayor de precaución y juega contra la rapidez de la recuperación. Enrique lo ha conseguido todo ya en el toreo, ha escalado en su madurez la cumbre de los grandes maestros. Un cenit que marca la época.

Y así apesadumbre privarse de su toreo, hay que respetar la consolidación del buen resultado que tan compleja reconstrucción demanda. Generalmente, para deportistas más jóvenes y musculados que él, de seis a siete meses y más. Lo temporada entera, mejor dicho. Después, habría que ver. Lo que se juega supera otras consideraciones.

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