JORGE ARTURO DIAZ REYES

Petro y los otros

martes, 27 de agosto de 2019 18:41
martes, 27 de agosto de 2019 18:41

Con una terquedad de cruzado, el hoy senador Gustavo Petro a la cabeza de sus prosélitos arremete sin cesar contra las corridas de toros en Colombia. Con todas las formas de lucha como demostró su alentadora presencia previa, en los desgraciados acontecimientos de febrero del 2017 alrededor de la plaza de toros de Santamaría.

Ahora pugna por llevar a la plenaria del congreso una nueva iniciativa de prohibición la cual ya cursó exitosamente tres debates en la comisión primera de la Cámara de representantes. Felipe Negret, notable abogado y el más connotado defensor de la fiesta en el país, ha hecho en entrevista reciente para la revista Semana, una actualización de la situación jurídica y legislativa del asunto:

Las corridas son una tradición cultural y artística del pueblo colombiano, legítima y legal, protegidas por la constitución y una ley propia (la 916 de 2004). Legitimidad vigente, reconocida por la Corte constitucional en repetidas sentencias. Nada que agregar a sus precisiones.

Pero agregó Negret una conclusión que también tendría que ser de reflexión para los congresistas que representan a todo el pueblo, y que han sido elegidos por él y no por los animales. “El ataque a las corridas, ese sí es un acto de barbarie”. Como lo son la destrucción de museos, el fundamentalismo y el terrorismo.

¿Podemos olvidar acaso la del Museo Taurino de Bogotá durante su alcaldía, la saña de las asonadas antitaurinas o la bomba en las inmediaciones del coso que dejó treinta heridos y un muerto, ya durante la alcaldía de su actual sucesor Enrique Peñaloza? ¿Podemos? ¿Pecamos al pensar que esta última iniciativa parlamentaria es apenas la versión legislativa de la misma odiosa persecución?

Pero hay que ser honestos. En esto el petrismo ha sido voz cantante, sí, pero no la única, con mucho. Señalarlo exclusivamente y tapar, llevados por el sectarismo la participación no menos activa de políticos y seguidores de otras banderías, es politizar oportunistamente una discusión que trasciende la codicia electorera pues toca dos bienes carísimos a toda sociedad; la cultura y la libertad.  

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