JORGE ARTURO DÍAZ REYES

Bogotá y sus toros

martes, 21 de enero de 2020 · 17:50

Lima, Ciudad de México y Bogotá, son las tres capitales nacionales ibero-americanas (21) que conservan cultura taurina. Baldón, para unos, valor, para otros, cada cual, en su opinión, su derecho y su libertad.

La primera, concluyó su Feria Señor de los Milagros, la segunda cursa su temporada grande y la tercera se dispone a la propia. En secuencia, el ayer, el hoy y el mañana, inmediatos del rito en el continente.

Su ahora y aquí diríamos, en un contexto global pautado por políticos que han descubierto el antitaurinismo como una rica veta electoral. Acometer contra este culto, paga. Condenarlo como herético, impío, bárbaro, clamando su exterminio, rinde. Abrogarse para ello la vocería (inconsulta) de los toros, alegando el despojo de sus “derechos” por el toreo (solo por él), premia. Sin importar que la cruzada lleve a extinguir la raza de sus “representados”, en fin, ellos no podrán demandarles.

Bueno, las interpretaciones contradictorias de la tauromaquia son tan viejas como ella misma. Igual que las de muchas expresiones morales, teológicas, estéticas, ideológicas, incluso científicas. Lo nuevo no es esa diferente lectura, lo nuevo es la escalada de intolerancia, similar a las persecuciones étnicas y religiosas.

La Santamaría de Bogotá, ha sido blanco preferente de tales campañas. Administrada durante los últimos lustros por alcaldes de conversa y enconada militancia antitaurina; Petro, Peñalosa, y ahora López, ha resistido cierres, boicoteos y agresiones de todo tipo, incluyendo asonadas y terrorismo. Con tan firme convicción, que reabre con un febrero largo de seis corridas, el doble del año anterior.

Hace poco más de un mes, la empresa Colombo-mexicana Casa Toreros Consorcio Colombia, recibió el coso en arrendamiento. Y el dos de enero pasado, recién posesionada, la nueva alcaldesa visó el contrato con la protesta expresa de que lo aceptaba solo porque ya estaba firmado y la ley (916 de 2004) le obligaba. Pero advirtiendo que durante su período de cuatro años "no habrá un solo peso para corridas de toros".

Bien por ella. Y tranquila, que las corridas no le pedirán dinero, al contrario, se lo darán y mucho, como han hecho siempre con la ciudad. Mas para continuar haciéndolo es indispensable que les garanticen su libertad constitucional y el orden público, mediante la debida protección y el mantenimiento de las manifestaciones hostiles a distancia prudente de la plaza, como dicta el sentido común.

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