JORGE ARTURO DÍAZ REYES

Clausewitz y los toros

martes, 16 de junio de 2020 · 14:13

El antitaurinismo bogotano se ha mostrado como el más hostil del mundo. Su carga de odio, agresividad e intimidación no ha tenido parangón. 

Hay que haber estado cerca de su griterío, de sus asonadas, del estallido de la bomba en la plaza de toros aquel domingo 19 de febrero hace tres años, día de corrida, del joven policía muerto, de los 24 heridos.

Hay que haber presenciado los ingentes despliegues de fuerza pública, para defender la realización de un culto protegido por la constitución. Hay que haber escuchado, mientras se toreaba, el estruendo exterior del asalto. Hay que haber visto la ciudad embadurnada de grafitis infamantes e incitantes que recordaban al Berlín de 1938. Hay que haber oído las arengas. 

Hay que haber sentido los insultos, las amenazas, la persecución de los piadosos animalistas que quieren extinguir el toro..., vía matadero.

Hordas azuzadas, claro, no la ciudad que también ha sido víctima. ¿Y la política qué? Parafraseando a Clausewitz es la guerra por otros medios. Para eso sirve. ¿Qué han hecho al respecto sus profesionales de babor y estribor?

Acuciados por los mercaderistas del voto, que, seguro han confundido en sus encuestas el no ser taurino con el ser antitaurino (dos cosas muy diferentes), enarbolan también, la bandera prohibicionista. Incluso y primero los “liberales”.

En las dos últimas elecciones, por ejemplo, de los diez candidatos finalistas, uno solo prometió “tolerancia”, que no apoyo. Resultado, una sucesión de alcaldías parcializadas; Mokus, Petro, Peñalosa, López. Con otra cosa en común; cual más cual menos a lomo de minorías, frente al 100% ciudadano.

El concejo (ayuntamiento), producto de sus listas, ha seguido en esto las consignas de campaña. Lo reafirma el acuerdo 013 que acaba de proferir. Prohibición total, disfrazada bajo el rabulesco mote: “desincentivación”. Abuso “inconstitucional, ilegal y absurdo”, como acusa la empresa Casa Toreros. Un ente de nivel municipal, violando una ley de nivel nacional (916 de 2004). Autoritarismo folclórico que la Corte habrá de contener una vez más.

Todo es política, dicen, pero la política no lo es todo; verdad, libertad, legalidad y respeto por el otro frecuentemente riñen con ella. Como en este caso.

 

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