VIÑETAS

Relevante irrelevancia

lunes, 6 de mayo de 2024 · 11:58

Ante las muchas reacciones a la supresión del Premio Nacional de Tauromaquia por el ministro de cultura español, Ernest Urtasun, su colega el ministro de transportes Oscar Puente ha entrado en lisa mediática:

“Me parece, que el premio era irrelevante. Retirarlo es irrelevante. Las reacciones son irrelevantes porque la fiesta de los toros va camino de la irrelevancia. Lo quiera quien suprime los premios, quien los pone, quien los quita. Es el curso de los tiempos y lo demás es ruido.”

Se puede estar o no de acuerdo con su concepto de irrelevancia y con el valor que le atribuye como argumento para prohibir lo que a él no le parece “relevante”. Incluso con su predicción sibilina de que el milenario rito de los toros va camino de la irrelevancia. Sí, está bien. Libertad de opinión. Es lo que le “parece” a él.

Pero lo no irrelevante, de ninguna manera, más tratándose de un vocero de gobierno, es la declaración de principios implícita en tal alegato: Prohibir lo que “me parece” y despreciar como “ruido” la opinión de quienes no les “parece”. Antidemocrática desde todo punto de vista, y que da la razón a la Fundación Toro de Lidia, cuando aduce: que su defendido compañero de gabinete actuó como un “extremista sectario”.

E ignorante además, de que el “irrelevante” premio anual lo concedía no él sino España, en reconocimiento a la innegable relevancia identitaria y cultural universal que la fiesta de los toros ha tenido desde siempre. Ahí están, la historia, la literatura y el arte todo atestiguándolo.

No hay peor ataque a cualquier causa que una torpe defensa, podrían pensar muchos de sus copartidarios (no pocos taurinos) al ver a sus locuaces ministros dar munición a sus opositores en los escarceos de poder, cuando sin mirar en el ojo propio, estos les acusan de autoritarios y abusivos…, por decir lo menos.

Es que al sustentar su prohibición el ministro de cultura no solo habló (inconsultamente) por todos los españoles, incluidos sus conmilitones antitaurinos, los perseguidos taurinos, y los que no son ni lo uno ni lo otro, quienes le pagan y a quienes tiene la obligación de acatar y respetar, en vez de prejuzgar e insultar:

«Creo que es un sentir mayoritario de una parte española que cada vez entiende menos que se practique la tortura animal en nuestro país. Y lo que entienden aún menos es que esas formas de tortura animal sean premiadas con medallas asociadas a premios dinerarios y que salen de los presupuestos públicos».

Pues no, señores administradores actuales de la cultura y los transportes hispanos. Ni tortura ni irrelevancia, culto, cultura, solo cultura, y el valor en dinero del premio eliminado es apenas una irrelevante parte del mucho que aporta el toro al conjunto del patrimonio público español. Imagino qué habrían podido contestar, si viviesen, los anónimos pintores de las cuevas de Altamira, Goya, Ortega y Gasset, Picasso, Chaves Nogales, Benlliure, Belmonte, Cossío, Alberti, Federico García Lorca…